La participación ciudadana

Por Fernando Corzantes

Este espacio tiene como propósito el generar un diálogo sobre aspectos sensibles en el ámbito político, y hemos insistido que más allá de los partidos, hay un espacio de organización política que corresponde a la ciudadanía y ésta tiene variadas formas de expresión. Las organizaciones civiles han generado en los últimos años una producción creativa que es parte del entorno democrático, en los ámbitos locales, regionales, nacional e internacional. Y no sólo en movimientos coyunturales, sino en experiencias colectivas que maduran en la constitución de dinámicas organizaciones no gubernamentales de gestión permanente. En las últimas dos décadas ha habido una lenta revolución con un nuevo tipo de organizaciones, entidades que sin ser públicas y sin perseguir el beneficio que caracteriza al libre mercado están conformando lo que se denomina el Tercer Sector. Que es aquel compuesto fundamentalmente por Entidades Sin Ánimo de Lucro (ESAL), que son organizaciones que no redistribuye sus beneficios a sus propietarios y accionistas, sino que los reinvierte en la entidad para seguir cumpliendo sus objetivos fundacionales.

Y las conocemos como Sin ánimo de lucro (“non profit”); No Gubernamentales; de Sociedad Civil; de Economía Social o Tercer Sector. Y todas ellas tienen implicaciones políticas muy significativas. Me refiero directamente a aquellas organizaciones sociales que tienen la intención explícita de intervenir en las decisiones públicas. El supuesto básico es la presencia de organizaciones voluntarias, estables, profesionalizadas, que a partir de su experiencia en el desarrollo social (en el sentido amplio, integrando los derechos humanos, sociales, económicos, culturales, ecológicos, de género, etc.), construyen y expresan consensos de sectores específicos sobre temas acotados, que les permiten incrementar la eficacia de las acciones públicas por medio de su intervención en todo el ciclo de las políticas públicas. Otro abordaje de la participación social se hace a través de la discusión sustantiva entre las categorías que están en el entorno del problema: lo público; la ciudadanía y la ley o normatividad. Este abordaje en algunos casos se le visualiza como la relación Estado-Sociedad. La sociedad civil la podemos describir como aquella, que se identifica en la construcción de una nueva moralidad; de la crítica al utilitarismo y a la visión instrumental tecnológica, surge como una visión que reconoce procesos de construcción social en la comunicación; aquella que construyen nuevas subjetividades, de manera plural y no unicéntrica, y donde se intercambian proyectos, estrategias e identidades colectivas.

¿Qué expectativas tenemos sobre esta participación social? Aquella que esta tensionada en su reflexión por la búsqueda de la capacidad subversiva del sistema, por la búsqueda de nuevos sujetos históricos y en este sentido tiende a poner el acento en el papel político de la participación social. Aquella que su búsqueda fundamental es la compensación del déficit del mercado y que por ello ve a la participación social, como formas de respuesta por igualdad y libertad. Aquélla que desconfía profundamente de las instituciones, estableciendo una oposición entre comunicación y estrategia y que por ello mismo apuesta más bien a la socialización de valores que a la estructuración de formas organizativas, bajo la idea del asedio permanente al poder, a condición de nunca tomarlo. Y finalmente, aquella que trata de ubicar las identidades en la tensión entre intercambio político y comunicación, de lo cual surgen nuevas subjetividades y proyectos políticos en continua reformulación. Muchos de estos movimientos no tienen jerarquía, así que el Estado no tiene con quién hablar o negociar. No hay liderazgos. Son movimientos sin estructura jerárquica, así que no los pueden cooptar. La paradoja de la democracia es que (supuestamente) debe crear un sistema para hacer posibles cambios sociales a gran escala, sin violencia y sin irrupciones, mediante un proceso legal en el que se eligen personas.

Pero el hecho es que los grandes cambios radicales no han sucedido como producto de una legislación o elecciones, sino que han sucedido en las calles, en levantamientos que amenazan con salirse de control a las élites asustadas y aterrorizadas. En esta dinámica se inscriben “la otra campaña”, la emergencia estudiantil y juvenil, el movimiento por la paz con justicia y dignidad, los ocupa, Anonymus, los indignados, etc., y aquí en Querétaro la digna resistencia de vecinos y comerciantes de las calles de Ezequiel Montes y Madero, los cuáles resisten inteligentemente los caprichos municipales. Éste y otros espacios de la sociedad civil, proponen y actúan por fuera del sistema político y su mercado de campañas, en una nueva relación, no con el estado, sino con todos los otros interlocutores que demandan una reformulación urgente de la nación, desde abajo.

Comentarios en Facebook a Fernando Corzantes y en fernandocorzantes@yahoo.com.mx 
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