Sergio Gerónimo Sánchez, #presopolítico

Por Fernando Corzantes

Oponerse al gobierno mexicano es una acción que muchas veces se paga con la cárcel. Nadie está a salvo, ni líderes sociales, ni periodistas, ni políticos, ni dirigentes campesinos. Y hoy en Querétaro le toco al dirigente social Sergio Gerónimo Sánchez. La violencia política cuenta con una larga tradición en México y en Querétaro. Uno a uno alrededor de los cerca de 700 presos políticos reconocidos por organizaciones civiles (desde el Comité Nestora Libre, hasta el Senador Alejandro Encinas), dan cuenta de ello; de los años de encierro como costo por oponerse a proyectos polémicos, a las reformas estructurales, pidiendo cuentas o defender la tierra.

En nuestro país existe gran cantidad de personas que son encarceladas por realizar actividades políticas legales, con el propósito de que sus casos sean vistos como un castigo ejemplar y de esta forma se desincentive la lucha social. ¿Cómo ocurre esto? El principal organizador y concentrador de la violencia estructural es el Estado, de manera que cualquier intento por legitimar y justificar la violencia ejercida por la clase en el poder, pasa por legitimar el Estado. El objetivo básico que se persigue es despolitizar, desideologizar y neutralizar, presentando al Estado como el garante del “bien común” y aval de la “ley y el orden”.

Históricamente a través de diversos medios de socialización, como la educación y los medios de comunicación, la clase dominante ha ido configurando un sistema de valores, normas, conceptos y categorías tendientes a justificar su dominio, su preponderancia monopólica a regir los destinos de la sociedad, sus instancias de organización y la vida de los individuos. Medios como la legitimación del uso de la violencia en sus diferentes formas por parte del Estado, su institucionalidad jurídica, sus fuerzas armadas y policiales, han sido una constante. Esta manipulación ideológica se ha sostenido en tres ejes, el ocultar la violencia estructural propiamente como tal; la legitimación de la represión institucional y la condena de toda acción social contra el sistema. Ahí radican las absurdas razones de la detención del líder social, a través de una máscara jurídica lejana a las actividades del opositor detenido.

Se criminaliza la protesta social inventando cargos contra quienes estorban, por ello la facilidad con que los activistas y dirigentes sociales son puestos tras las rejas. La prisión preventiva es una táctica en contra de un debido proceso a los presos políticos. Elena Arzaola, investigadora del Centro de Investigación y Estudios en Antropología Social calcula que cuatro de cada 10 presos en México están en la cárcel sin sentencia. Sergio Jerónimo Sánchéz es acusado de motín, como presunto incitador de los incidentes ocurridos en el Día del Trabajo del año pasado, consignado, aprehendido y remitido al Centro de Readaptación Social de San José El Alto.

El país está lleno de presos por oponerse activamente a medidas inaceptables de los gobiernos. Huelga decir que difícilmente existe una razón de justicia para privarlos de su libertad. Lamentablemente, no es un tema al que se otorgue la atención que merece; los defensores constantes de esta causa son grupos específicos, generalmente ligados a las familias y organizaciones de las que forman parte. Las condiciones en las que están en las prisiones son infames; lo son porque las cárceles en México son infames de suyo, pero los gobernantes o poderosos que ordenaron su detención dan instrucciones para que estos ciudadanos, la mayoría luchadores sociales valientes y decididos a enfrentar el oprobio que tienen enfrente, sufran las peores condiciones que ofrecen los reclusorios, cientos de presos de conciencia tienen que soportar vivir en condiciones infrahumanas.

La represión estatal en el México de hoy nos remite a la época de la guerra sucia (en los años 60, 70 y 80), cuando se acabó prácticamente con los movimientos sociales surgidos en ese tiempo. Las víctimas del brazo autoritario del poder, entonces, eran militantes de izquierda, obreros, campesinos, intelectuales, académicos o simples ciudadanos hartos del asfixiante e injusto sistema político. La labor de los defensores y activistas es fundamental, importantísima para la convivencia social, ya que es el ejercicio de la libertad, de la discrepancia. Por ello se exige la libertad incondicional del profesor Sergio Gerónimo Sánchez.

Comentarios en Facebook a Fernando Corzantes y en a fernandocorzantes@yahoo.com.mx
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