Primero de Mayo

Por Fernando Corzantes

En el marco del día del trabajo y a cuatro años y medio de la aprobación de la reforma laboral, es pertinente exponer las siguientes consideraciones. El primero de septiembre del 2012, el entonces presidente Felipe Calderón, presentó a la cámara de diputados su iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo. Cabe señalar que las dos administraciones panistas habían criticaron constantemente la falta de crecimiento y desarrollo económico en el país, a pesar de cumplir con las exigencias en materia de política económica dictadas por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, como el nivel de inflación, los niveles de deuda pública, la creciente apertura comercial y vastos ahorros en las reservas internacionales. Ambas administraciones repitieron constantemente el argumento de que no era suficiente tener indicadores macroeconómicos estables, y que era además necesaria la realización de un número de reformas en varios ámbitos específicos para poder dinamizar la economía, flexibilizando el mercado de trabajo, abriendo una mayor participación del capital privado en el sector energético, reformar la fiscalización y recaudación del Estado, entre otros.

El 29 de noviembre del 2012, después de su modificación y aprobación en ambas cámaras legislativas, se firmó el decreto con el que promulgó la reforma a la Ley Federal del Trabajo y se aseguraba que ésta beneficiará a trabajadores, patrones y a quienes no tenían empleo, prometiendo la creación de 400 mil plazas adicionales a las que generaba el país. A cuatro años y medio de ser promulgada dicha ley, los resultados han sido magros en el mercado laboral, especialmente en lo referente a informalidad en el empleo ya que ante el crecimiento de la población que se incorpora al mercado laboral, en números absolutos tenemos más trabajadores informales, hay un millón más que en el 2012 que se encuentran en esta condición. En términos absolutos la informalidad laboral continúa creciendo y permanece como una válvula de escape para dar acomodo a los miles de mexicanos que año con año se incorporan a trabajar. Esto lo reconoció el INEGI en su reporte del 23 de abril pasado señalando que la informalidad laboral es del 57.2% en 2017, el mayor índice en años.

De lo anterior se desprende que el efecto que se clamaba tendría la reforma laboral ha sido un fracaso. Su verdadero carácter se ha enfocado a la flexibilización de la fuerza de trabajo y la pérdida de derechos laborales, ya que sólo vino a legitimar formas de precariedad en el empleo. El diagnóstico sobre la radiografía laboral en México ya es conocido: informalidad dominante, creación insuficiente de empleos, bajos salarios y condiciones precarias. Aunque no siempre se repara en las horas trabajadas, por mucho el país es de los países en que más se trabaja y menos se descansa, lo que no se traduce necesariamente en más productividad. De acuerdo con la OCDE, en México cada persona trabaja en promedio dos mil 250 horas al año, muy por encima del promedio, que es de sólo mil 748 horas. La reforma laboral constituye una antigua demanda de las clases patronales mexicanas, en particular de los grandes corporativos empresariales. Para este segmento del gran capital el anterior marco jurídico de carácter tutelar, constituía el principal obstáculo para transparentar los mecanismo de contratación y despido de la mano de obra; asegurar la libre movilidad de los factores productivos y propiciar la modernización del capitalismo mexicano.

En el actual gobierno se han dado los incrementos salariales más bajos en la historia, además de mantener una subordinación absoluta de la justicia laboral al Poder Ejecutivo. Ahora se presenta un panorama de degradación de las condiciones de trabajo en el país ya que profundizan el desmantelamiento de los derechos laborales, imperando el outsourcing y apostando al sacrificio de los trabajadores. Además de mantener la política de bajos salarios, continúa el alto nivel de desempleo y la contratación en la informalidad, por lo cual hay una elevada pobreza obrera. La referida reforma ha quedado en el papel, creado confusiones en temas como la subcontratación y siendo opaca en la justicia laboral. Las demandas en la reforma laboral han sido incumplidas, como el que se refiere a la transparencia sindical. Este gobierno mantiene el esquema de los cotos de poder sindical y no ha puesto la mano en los miles de contratos de protección patronal, los cuales constituyen la expresión más perniciosa del modelo sindical mexicano y una de las mayores lacras en el mundo de las relaciones laborales, lo que explica que diversas dirigencias conserven importantes privilegios dentro del sistema político, como en el caso del sindicato petrolero. Por ello no hay nada que festejar y sí demandar este 1° de mayo.

Comentarios a fernandocorzantes@yahoo.com.mx
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