Identidad Nacional

Por: Danielopski

Entendernos como nación es una empresa muy elevada. Aquí vamos, sin mucha claridad, en lo que Octavio Paz llamó el Laberinto de la soledad. Y hoy, el discurso de la mexicanidad se descafeína. No es fácil definirnos como mexicanos, parece que solo nos quedan los discursos huecos enalteciendo el tequila, la lucha libre, la marimba. Las cosas realmente importantes, donde debería estar sustentada la grandeza de una patria no son los accesorios, sino el espíritu, y este se enaltece por medio de la justicia, la igualdad, la tolerancia.

Alan Riding escribe en su libro “Vecinos distantes”: “México, orgulloso de su pasado indígena, parece avergonzarse de su presente indígena”. La patria color de rosa es la construcción de un México totalmente occidentalizado.  Sufrimos nuestro mestizaje, queremos y no queremos. Discursos van y vienen para explicarnos a nosotros mismos, el problema es que hablamos hacia fuera y creo en lo personal, que el mejor camino para transitar el laberinto de la soledad es desde la introspección.

Vasconcelos definió a la “raza cósmica”, el mestizo, indígena de cuerpo y alma, pero de lengua y civilización española. Y cuando vemos el mundo real, nos encanta América (el sustantivo que los estadounidenses usan para definirse como si América empezara en el río Bravo) Los gringos torcieron la identidad nacional, la cultura norteamericana le dio sentido de existencia a la clase media mexicana. El sueño salinista, aquel que facilitó el consumo con el norte, pero que olvidó fortalecer la democracia, la justicia, la igualdad hacia el interior.

México es un híbrido extraño, somos todo y no somos nada a la vez. Queremos ser algo que en realidad no queremos: hablamos con orgullo de nuestra raíces indígenas y a la vez las despreciamos; y renegamos de lo que realmente queremos ser: criticamos a Estados Unidos pero en el fondo lo amamos, amamos su música, sus películas, sus productos . Y mientras “masticamos” nuestros problemas de identidad, el engranaje del sistema del país demuestra lo putrefacto que está.

El tema de Jacinta, Alberta y Teresa vuelve a ser noticia, tres indígenas ñañus que fueron encarceladas en marzo de 2006 por “secuestrar” a seis agentes de la desparecida Agencia Federal de Investigación, una invención lamentable de país surrealista. En días pasados la PGR les pidió disculpas por el atropello cometido en su contra, y es que el escenario no podría ser más infame: eran mujeres, mujeres indígenas, mujeres indígenas pobres… Sin duda el episodio fue la exhibición más grotesca de miseria, estupidez, racismo y misoginia. ¿Cómo entender a este país cuando pasan semejantes aberraciones? ¿Somos el tequila, el huapango, y nuestros lindos museos de reliquias prehispánicas? ¿Somos también un híbrido construido por la inconsciencia, la injusticia y la corrupción?

Por eso creo que enarbolar el concepto de la patria bajo una visión superficial, parecida a la superación personal, donde hablamos de nuestros bonitos sarapes, de nuestra trajineras y de nuestro folclor, es adormecer la conciencia de la mexicanidad. Hoy la crisis principal, la misma que identificó Cosío Villegas a finales de la década de los 40, es la de la identidad, y hoy, para despejar la bruma que invade el laberinto de la soledad es un profundo análisis introspectivo y desde ahí encontrar luz para definirnos como mexicanos y sobretodo, como seres humanos.

/danielopski
@danielopski
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  1. Valentina Amor says:

    Me parece un texto excelente.
    Gracias por compartir.

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