El papel de la cultura en el desarrollo urbano

Por: Ricardo Carapia

Bajo la premisa de que la humanidad es una especie predominantemente urbana por primera vez en su historia, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), publicó en octubre de 2016 el Informe Mundial sobre la Cultura para el Desarrollo Sostenible titulado “Cultura: futuro urbano”, partiendo de que la cultura permite el progreso y la construcción del futuro, y reconociéndola como una de las condiciones clave para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y en específico para la nueva agenda urbana.

Como antecedente, en septiembre de 2015 fueron aprobados los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas durante la 70ª Asamblea General de la ONU, como una agenda adoptada a partir del trabajo en áreas de educación, ciencias naturales, ciencias sociales y humanas, cultura y comunicación e información.

Esta agenda ha sido construida a lo largo de varios años, y en el caso específico de la cultura, reconoce la importancia de su papel en la configuración de identidades, y es la primera ocasión que en el programa internacional de desarrollo se hace referencia a ella, buscando el desarrollo inclusivo y equitativo de las personas. Es así que entre los ODS se le menciona en los objetivos relacionados con educación, el logro de ciudades sostenibles, seguridad alimentaria, protección del medio ambiente, crecimiento económico, pautas de consumo y producción sostenibles, y la promoción de sociedades inclusivas y pacíficas.

El objetivo 11 de los ODS consiste en “lograr que las ciudades y asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles” a partir de la cultura lo que resulta sin duda un reconocimiento clave a nivel mundial sobre el papel de los procesos culturales, y permite dejar de lado ideas preconcebidas y erróneas que comúnmente pesan sobre la cultura, no solamente en México, sino en muchos países.

El trabajo fue diseñado por Francesco Bandarin apoyado por un equipo a nivel global, y con el soporte del Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM), el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), la Organización de las Ciudades del Patrimonio Mundial (OVPM), la Red Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales y Regionales (UCLG) y el Banco Mundial.

Esta investigación que reporta ocho análisis regionales por zonas de estudio, se divide en tres grandes temas: personas, medio ambiente y políticas; dividiéndose cada uno en cuatro puntos de estudio. En el primero, las ciudades centradas en las personas, ciudades inclusivas, sociedades pacíficas y tolerantes, y ciudades creativas e innovadoras. En el segundo, ciudades a escala humana y compactas, ciudades sostenibles, resilientes y ecológicas, espacios públicos inclusivos y salvaguarda de identidades humanas. En el último, se engloban el desarrollo global sostenible, relaciones reforzadas entre el medio rural y urbano, gobernanza eficiente urbana y financiamiento del desarrollo urbano sostenible.

Es así que se distinguen los tres objetivos principales del documento: potenciar la cultura para promover ciudades humanas e inclusivas, mejorar la calidad del medio urbano y natural a través de la cultura, e integrar la cultura en políticas urbanas para fomentar el desarrollo urbano sostenible.

Lo anterior reivindica los trabajos de protección y salvaguarda de las tradiciones culturales, el patrimonio y los monumentos, como parte de espacios dinámicos, y entendiendo la planeación urbana como acciones integrales con el ser humano como centro de las mismas.

Por ello es que dicho informe destaca la relación entre cultura y “las transformaciones físicas y sociales de las infraestructuras de la ciudad”, siendo su patrimonio y tradiciones las que dan forma al sentido de pertenencia de las personas, por lo que la planeación debe promover la conectividad entre lo rural y lo urbano a través de la cultura.

Esto deja de lado a las edificaciones como único vínculo, sino como citan a Andy C. Pratt de la City University of London en dicho documento, “los lugares desatendidos de la ciudad, los pasajes y los espacios públicos son otros ejemplos de la capacidad de las relaciones culturales para dar significado y forma a las ciudades. Sin embargo, si la relación entre la cultura y su entorno edificado no es abordada de forma global, estos lugares pueden acentuar las vulnerabilidades de la ciudad. […]. La relación recíproca entre la cultura y el medio ambiente genera significados y valores, que son transmitidos por las personas y sus prácticas”.

Aunque esta visión no es reciente, sí resulta de mayor pertenencia actualmente, ante las políticas públicas que se buscan establecer en las diferentes ciudades de México, y en particular en el Estado de Querétaro. Cabe destacar que han sido queretanos quienes han levantado voz para realizar trabajos de gran importancia en el rescate, preservación y difusión del patrimonio existente, y la estrecha relación entre lo edificado, los paisajes naturales y las prácticas sociales relacionadas. Uno de estos ejemplos es el trabajo multidisciplinario que llevó a la inscripción de los “Lugares de memoria y tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán: la Peña de Bernal, guardiana de un territorio sagrado”, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en 2009.

Un ejemplo más reciente, es el sitio “Patrimonio queretano: riqueza, memoria y diversidad” que se puede consultar en http://www.patrimonioqueretano.gob.mx, coordinado en lo académico y en la investigación por Diego Prieto Hernández y Alejandro Vázquez Estrada. En dicho trabajo, Prieto Hernández señala que todo patrimonio supone la existencia de un gesto o soporte material y de una construcción simbólica que le da sentido y pertinencia, por lo que para la construcción de dicho catálogo “no podíamos reducirnos a aquellas expresiones comúnmente reconocidas como patrimonio cultural inmaterial, a riesgo de enfrentar una visión abstracta y fragmentaria, propia de los académicos, con las concepciones integradoras y prácticas que frecuentemente animan los sentimientos y enfoques de las comunidades que conciben ciertos bienes, saberes, valores o prácticas como su patrimonio. Así que desde un principio decidimos incluir cualquier cosa o manifestación que la gente reconociera y valorara como representativa de su identidad y su cultura, independientemente de que se tratara de bienes naturales, de construcciones monumentales, o de tradiciones, saberes y prácticas cuya vitalidad depende de sus portadores o ejecutantes”.

La construcción de identidad y tolerancia

Antecedentes como éstos, dan cuenta del camino que se había trazado desde hace algún tiempo, y que hoy converge en el ordenamiento urbano que fomente la inclusión y la diversidad cultural, a partir de la colaboración entre los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado, junto a grupos culturalmente diversos. Entender dicha diversidad, reconocer las diferencias entre los grupos y garantizar los derechos de todos, significa “un atributo positivo antes que un factor de división, y por lo tanto promover el entendimiento intercultural es esencial para la cohesión social en las ciudades. Las identidades culturales de todas las personas, incluidos los migrantes, deben ser reconocidas, y todas las personas deben tener acceso a los recursos e iniciativas culturales y poder beneficiarse de ellos”, apunta el informe de la UNESCO, y agrega que en ello juega un papel primordial la educación y la formación más allá de las aulas, para autoridades y actores locales.

Entendiendo entonces que los ambientes urbanos donde la desigualdad y la pobreza, entre otros factores, han llevado a situaciones de conflicto entre grupos diversos al interior de los centros urbanos, la paz y la tolerancia se construyen a partir de los vínculos, la identidad y la tolerancia, más no como entes abstractos sino construidos desde la planificación y desarrollo de las ciudades.

Por ello es que se busca el fomento de la creatividad y la innovación, integrando los recursos naturales y culturales para aumentar su sostenibilidad, buscando que las estrategias implementadas por las autoridades busquen el sentido de pertenencia de los habitantes y poniendo énfasis en el reconocimiento de prácticas culturales tradicionales, la utilización de tecnologías de construcción autóctonas, la generación de espacios públicos. Sobre el tema, el documento de la UNESCO cita a Richard Stephens, Presidente de la Asociación Internacional de Urbanistas (AIU): “El arte y la cultura son una parte esencial del entorno edificado, de los procesos de planificación y del diseño experiencial. La arquitectura integrada, el paisajismo, el arte y el espacio públicos mejoran la calidad de vida, benefician la economía y crean una ecología urbana sostenible. El arte y la cultura proporcionan las características necesarias para generar lugares positivos y destacables. Introducir el arte y la cultura en los procesos de planificación incrementa la participación pública, estimula el diseño colaborativo y añade valor a los proyectos de desarrollo. La profesión de planificador también se beneficia de ellos gracias a enfoques más holísticos y a la participación de la comunidad. La creación de espacios para la experiencia sensorial (vista, oído, olfato, tacto y gusto) debe ser impulsada por el arte y la cultura, los cuales refuerzan de manera colectiva y eficaz el sentido de pertenencia”.

Por ende, se entiende la importancia de la conservación del patrimonio urbano, “más allá de un enfoque basado en los monumentos” con el involucramiento de autoridades e instituciones relacionadas con la gestión del patrimonio, convirtiendo al patrimonio urbano en un atributo positivo y “no sea una obligación”.

Así, en su punto “Sustainable Local Development”, el informe marca que “el papel de la cultura para el desarrollo urbano sostenible va más allá de ser un recurso para atraer inversiones y fomentar el desarrollo de una imagen de marca de la ciudad. Los responsables de la toma de decisiones deben basarse en la cultura para promover un desarrollo inclusivo, superando las deficiencias en los indicadores y en la medición del impacto, las limitaciones en la participación de los ciudadanos y la desigualdad de género”, lo que deja de manifiesto que en este punto, las decisiones se llevan comúnmente a la inversa, dejando a la cultura e incluso al deporte como anexos a los cuales se recurre cuando las condiciones se encuentran ya deterioradas y se busca la regeneración del “tejido social”, sin tomar en cuenta su importancia en la planificación estratégica e integral de políticas públicas y la implementación de programas sociales que no consideran la diversidad cultural al interior de comunidades, zonas, ciudades, regiones o estados.

Así apunta en el informe Sofia Avgerinou Kolonias, Presidenta de CIVVIH ICOMOS, en Una visión  multidimensional del patrimonio como factor del desarrollo urbano sostenible: “Las crisis multidimensionales de los últimos años han provocado nuevos desafíos urbanos, incluidos los problemas sociales y casos de exclusión, y el aumento de la pobreza, delincuencia y violencia. En este contexto, las contradicciones y la devaluación de las ciudades y de las zonas urbanas vuelven a abrir el debate acerca de la necesidad de reorganizar la base productiva urbana. Este debe centrarse en la calidad del espacio público, la identidad cultural y social de las sociedades locales, su cultura y patrimonio, la necesidad de llevar a cabo proyectos culturales de gran escala y el regreso de la creatividad”.

Para ello la gobernanza, la cooperación regional y la definición inteligente de proyectos a través de políticas y estrategias que contemplen el crecimiento y contribución de la cultura a la economía, a través de la generación de ingresos y empleo; construyendo buenas prácticas que impulsen a las industrias creativas y del conocimiento, reconociendo la riqueza cultural y sus expresiones al interior de las ciudades así como su trascendencia más allá de las fronteras físicas en una era digital; dejan entender que en un mundo interconectado donde el volumen de información aumenta cada día en cualquier vía, y las ciudades deben tomar decisiones en muchas áreas: “Mientras su población aumenta, es de vital importancia garantizar la humanización de la ciudad, para aprovechar de manera afectiva las herramientas para eliminar la segregación, la exclusión, la discriminación y la desigualdad. Las ciudades tienen diferentes contextos sociales que pueden determinar el grado de acceso, aplicación y financiamiento de las tecnologías; por lo tanto muchas sociedades no pueden beneficiarse de igual manera de estas herramientas y de su potencial”.

La preocupación sobre la homogeneización y mercantilización de la cultura desde la globalización, únicamente puede refrenarse a partir del rescate de las identidades locales, por lo que el turismo cultural y los activos culturales intangibles representan actualmente el 40% de los ingresos del turismo mundial. Así se ve el valor inmediato de la protección a la gastronomía local, a su medio ambiente y paisajes naturales, al patrimonio edificado y a las prácticas culturales que identifican a las comunidades, de ahí el valor de la identidad y el sentido de pertenencia.

De igual manera, el informe asegura que salvaguardar el patrimonio cultural y promover la diversidad de expresiones culturales, al tiempo que promueve valores y comportamientos que rechazan la violencia y construyen tolerancia, “son fundamentales para la cohesión social de las sociedades, la construcción de la paz y la sostenibilidad de las ciudades”.

Las recomendaciones

A través de este documento, la UNESCO emite doce recomendaciones, cuatro por cada uno de los temas de estudio. El primer punto señala que las ciudades centradas en la persona están centradas a su vez en la cultura, por lo que aquí se emiten las siguientes recomendaciones:

  1. Mejorar la habitabilidad de las ciudades y salvaguardar sus identidades: la conservación y protección del patrimonio cultural urbano en todas sus formas deben integrarse en las estrategias de regeneración urbana centradas en las personas para mejorar la habitabilidad de las ciudades, mientras se respetan sus identidades.
  2. Garantizar la inclusión social en las ciudades a través de la cultura: los responsables de la toma de decisiones deben adoptar políticas proactivas para reconocer y promover la diversidad cultural como un recurso para la inclusión social en las ciudades.
  3. Promover la creatividad y la innovación en el desarrollo urbano a través de la cultura: la creatividad y la innovación, incluidas las tecnologías digitales deben ser promovidas, como recursos para el desarrollo urbano sostenible y la mejora de la calidad de vida local.
  4. Fomentar la cultura para promover el diálogo y las iniciativas para la consolidación de la paz: la cultura debe ser un elemento fundamental de las iniciativas urbanas para facilitar la cohesión social y el entendimiento mutuo, con el fin de hacer frente a la violencia urbana y contribuir a la construcción de la paz.

El segundo tema arroja que los entornos urbanos de calidad están fuertemente influenciados por la cultura, y en base a ello se recomienda:

  1. Promover las ciudades a escala humana y de uso mixto en base a lo aprendido de las prácticas de conservación urbana: El patrimonio urbano ofrece ejemplos de zonas urbanas de uso mixto y a escala humana que pueden contribuir a construir modelos de desarrollo urbano sostenible, integrando recursos culturales y naturales. Las autoridades locales deben revisar sus estrategias de desarrollo urbano, aumentando el conocimiento sobre los bienes culturales históricos.
  2. Fomentar un entorno edificado y natural habitable: debe salvaguardarse el patrimonio cultural y natural urbano, de modo que las comunidades y las personas puedan crear vínculos con su entorno urbano.
  3. Mejorar la calidad de los espacios públicos mediante la cultura: la planificación, el diseño y el uso de los espacios públicos deben integrar una perspectiva cultural, basada en el patrimonio y las actividades culturales y creativas, para fomentar la inclusión social.
  4. Reforzar la resiliencia urbana a través de soluciones basadas en la cultura: las autoridades locales deben integrar el patrimonio y los conocimientos tradicionales en las estrategias urbanas para atender los problemas medioambientales.

Finalmente, se concluye que las ciudades sostenibles requieren elaborar políticas integrales basadas en la cultura:

  1. Regenerar las ciudades y las relaciones entre el medio rural y urbano a través de la integración de la cultura en la planificación urbana: la salvaguardia del patrimonio cultural y la promoción de la creatividad deben ser un elemento fundamental de las estrategias urbanas, desde la fase de planificación hasta su aplicación. Los recursos culturales materiales e inmateriales de los asentamientos deben salvaguardarse para potenciar los beneficios económicos y sociales en un contexto regional más amplio.
  2. Potenciar la cultura como recurso sostenible para un desarrollo económico y social inclusivo: los responsables de la toma de decisiones deberían potenciar la cultura para contribuir al desarrollo económico y social local y ofrecer beneficios equitativos para las comunidades e individuos. Además, las autoridades nacionales y locales deben seguir desarrollando indicadores y métodos de recolección de datos sobre el impacto de la cultura a nivel local, con el objetivo de perfeccionar la elaboración de políticas.
  3. Promover los procesos participativos a través de la cultura y potenciar el papel de las comunidades en la gobernanza local: la gobernanza urbana basada en la cultura implica compromiso, colaboración, coordinación y sinergia entre las diferentes partes interesadas y a todos los niveles. Una colaboración regional más estrecha entre las ciudades debe ser fomentada para permitir que continúen prosperando juntas.
  4. Desarrollar modelos financieros innovadores y sostenibles para la cultura: las autoridades locales deben asegurar que la cultura reciba suficiente apoyo financiero con el fin de contribuir al desarrollo económico y social, así como a la habitabilidad urbana.
ricardo.carapia@gmail.com
@richcarapia

 

* Artículo publicado por el autor en el suplemento cultural Barroco del Diario de Querétaro, 8/01/17.

 

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