El colapso

Por: Fernando Corzantes

Se desató la tormenta, pero viene lo peor. A partir del 3 de febrero ocurrirá un segundo gasolinazo adicional al precio de las gasolinas de 8%, pues hay un alza del precio internacional que usa de base la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).  Como es sabido, el pasado 27 de diciembre, la Secretaría de Hacienda anunció un aumento a partir del primer minuto de 2017 para las gasolinas Magna, Premium y el diesel de 14.2%, 20.1% y 16.5%, respectivamente, sobre el precio máximo observado en diciembre pasado.  Los precios promedio a nivel nacional vigentes del primero de enero al 3 de febrero de 2017 son de 15.99 pesos para gasolina Magna, 17.79 para gasolina Premium y 17.05 para diesel.  El resultado es que la inflación en este momento es al alza, más aún cuando habrá incrementos adicionales en las sucesivas revisiones durante el año. Los aumentos se darán de manera diaria a partir del 18 de febrero próximo.   La persistente depreciación del peso y la liberalización de los precios de las gasolinas presionarán la inflación a niveles exorbitantes, y los que pagaremos por ésta sangrienta y errática estrategia seremos todos.   Pero el gobierno hace oídos sordos y quién encabeza éste desastre, al justificar el gasolinazo lejos de apaciguar las movilizaciones y prometer (falsamente) medidas que contrarrestaran mínimamente sus efectos, lo que vimos fue la indolencia, la soberbia y las amenazas de un gobierno que huye hacia adelante, provocando en cada paso más descontento y mostrando a la vez su incapacidad y debilidad.  El muy escaso margen de maniobra de Peña Nieto lo lleva a correrse cada vez más a la derecha.   El eje principal de su anuncio fue el beneplácito por la reincorporación de su amigo Luis Videgaray, cuya política al frente de la Secretaría de Hacienda tuvo los desastrosos resultados que muestran las finanzas y la economía nacional.  Para Peña Nieto, Videgaray cuenta con el beneplácito de Donald Trump, buscando posicionar a su amigo y consejero en la carrera presidencial del 2018, impulsando el continuismo absoluto del modelo económico, garantizando la exoneración de su enriquecimiento al amparo del poder quedando impune. Y es que por encima de todo el descontento, la crisis política y social en el país y el tremendo desprestigio presidencial, están los compromisos con el capital trasnacional.   Internamente, el escenario inevitable es la escalada de precios resultante del alza a los energéticos (como los aumentos a las tarifas de electricidad, la tortilla y el transporte público, etc.) ya que el precio del diesel y la gasolina repercutirán en los costos de producción y serán cargados a los consumidores.   Ante ello la aseveración de Peña Nieto de que la gran mayoría no será afectada, resulta una burla y una muestra de que, en lo que resta de su gobierno, va con todo contra los que menos tienen.

Las afirmaciones de un gobierno que no logró abatir el desempleo, el trabajo precarizado, los bajos salarios, el bajo crecimiento económico, la violencia, la rampante corrupción, anuncian una crisis cuyas dimensiones parece no contemplar.   El gobierno no tiene mucho margen ni económico ni político para mediatizar el descontento. Ni chantajeando con la disyuntiva: el “gasolinazo” o la pérdida de programas sociales y asistenciales para reducir la pobreza; pobreza que, por más anuncios propagandísticos, no se reduce.   Pero si la soberbia del priista Peña Nieto excedió los límites de la desfachatez política, donde más débil se vio fue al pretender desvincular el aumento al precio de la gasolina de la reforma energética y la aprobación de la Ley de Hidrocarburos de octubre de 2016, particularmente el artículo 14, donde se especifica el Impuesto Especial Sobre Productos y Servicios (IEPS), misma que votaron todos los partidos.   Y es que esta política energética obedece a la entrega de los hidrocarburos a las empresas transnacionales que se instalarán en el país, haciendo a un lado a Pemex de la comercialización del combustible. Es la entrega de los recursos estratégicos no renovables lo que oculta el presidente en su mensaje.   Esa forma de ningunear a la población preocupada por la imposición del gasolinazo, se explica por el salto que ha dado la subordinación del gobierno de Peña Nieto a la Casa Blanca ante las amenazas de Trump, que ya comenzó a impactar en la economía mexicana con el impedimento a la Ford de invertir 1600 millones de dólares en la instalación de una planta en San Luis Potosí, al mismo tiempo que amenaza a Toyota y la General Motors de aplicarles un gran impuesto fronterizo si instalan sucursales en el país. Con estas medidas Trump golpearía al sector más dinámico de la economía nacional. Mal le iría a México (todavía más), si el gobierno abiertamente se subordina a la visión aislacionista de Trump.

Y ante el “qué harían ustedes”, políticos de oposición, académicos y líderes del sector empresarial han comenzado a presentar propuestas para contrarrestar los efectos negativos del alza tanto en la economía familiar como en la nacional, sobresaliendo tres planteamientos: la eliminación del Impuesto Especial Sobre Productos y Servicios IEPS; postergar la liberalización, dando una moratoria al alza de precios; e invertir en las refinerías para incrementar la producción de combustibles nacionales, más producción y menos importación.   A estas propuestas se le suma otra proveniente de las calles y que va tomando forma, que renuncie Peña Nieto.

Apostilla: La justa rabia va tomando forma, todos a la Marcha nacional contra el gasolinazo, éste domingo 15 de enero a las 16 horas. Cita en Los Arcos y Bernardo Quintana.

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