De la rabia efímera a la indignación organizada

 

Por: Fernando Corzantes

La acumulación sostenida de ofensas y agravios en este sexenio es extensa, pero ahora le pegaron a cada ciudadano y directo al bolsillo. El gasolinazo hizo que el cómodo mexicano se levantara de su silla y saliera a la calle a protestar.  Fue eso y no el abuso reiterado a derechos humanos con casos como Tlatlaya y Ayotzinapa; los miles de muertos y la obstinación por sostener la estrategia de seguridad genocida; la impunidad ante la corrupción brutal de todo tipo de funcionarios que se pasean tranquilos con sus lujos a cuestas; gobernadores saqueadores sin castigo; el dictamen técnico que no vio el conflicto de interés en la Casa Blanca, mientras que todos vimos el acoso a Carmen Aristegui; la vergüenza de invitar a Donald Trump como candidato y premiar al aprendiz Videgaray gracias a su amigo el Presidente, etc., etc.

Razones para el enojo hay y de sobra. Y en medio de la rabia Peña Nieto nos pide comprensión y nos pregunta que hubiéramos hecho. Como puede observarse los paros, bloqueos, protestas, marchas, tomas, etc. no han doblado al gobierno. Se apuesta al desgaste, a la criminalización de la protesta, al motín vandálico planeado y dirigido.  La catarsis sirve pero no alcanza.   La protesta, los bloqueos y hasta el boicot es necesaria, pero se agotará, el gobierno lo conoce.   La respuesta popular de ira e indignación ante el gasolinazo es evidentemente efusiva y efímera, ya que es una respuesta individual y no una acción de organización a largo plazo que desmantele el régimen de corrupción vigente, el cuál ante la fugacidad del descontento, está a salvo.   La movilización conjunta nos hace tener conciencia de que todas y todos nos necesitamos, que formamos parte de una comunidad y que podemos emprender acciones vinculadas para detener las políticas que atentan contra nuestros recursos, nuestros derechos y nuestro bienestar. Sólo la acción popular puede detener la ambición de unos pocos que han y están saqueado el país.   Para ello es indispensable no sólo pensar en el 2018 obviando lo que puede hacerse ahora, en el 2017, yendo más allá de la redención electoral.

Hoy es momento de organización y resistencia, no podemos permanecer en silencio ante la ignominia. Los partidos políticos, artífices de las reformas estructurales, hacen cálculos electorales, por fuera de ellos la ciudadanía debe organizarse ante la emergencia nacional.   No hay que olvidar que en política los vacíos de poder tienden a llenarse y en últimas fechas las declaraciones del General Secretario Rafael Cienfuegos, azuzan a una militarización del país. El ejército ya está en las calles, tomando en muchos casos mayor poder que la autoridad civil. Es peligroso dicho empoderamiento, que invita a tentaciones incluso golpistas, lo cual no es un escenario imposible y no podemos quedar impávidos ante lo que viene.   El descontento y la protesta no son suficientes. Nunca lo han sido. Aun cuando las protestas se desborden y se hagan absolutamente masivas. En el mejor de los casos pueden llegar a tirar gobiernos, pero no para cambiar el rumbo, la conducción, el modelo.

La diferencia estriba en dos factores: Conducción Política y Organización. La segunda deriva de la primera.   La protesta generalizada, sin conducción política tiende a caer en el caos, es fácil de infiltrar y desprestigiar y el gobierno la sabe llevar a desgaste, y aun cuando triunfe, es incapaz de capitalizar dicho triunfo ante la ausencia de propuestas unitarias del modelo a seguir.  ¿Cómo lograr la conducción política ante un movimiento tan grande y plural?   Diversos actores políticos y organizaciones independientes han considerado el convocar a la creación de un Frente Amplio Nacional ante la emergencia nacional.   Una condición para que esto funcione es entender que es un proceso de lucha amplio, en donde no caben los protagonismos y oportunismos fatuos. Donde quepan todas las visiones y propuestas. Tenemos que aprender del pasado. En la lucha contra la Reforma Energética, los cálculos electorales impidieron unir una lucha de resistencia. La Reforma fue aprobada y hoy la padecemos todos. En un Frente se tiene que convocar a las organizaciones de la sociedad civil, a las organizaciones obreras, campesinas, estudiantes, colectivos, uniones, al ciudadano de a pie, incluso a los partidos políticos, con o sin registro.  En fin, a todas y todos aquellos que quieran cambiar el país.

Debemos tener la capacidad de convocar y convocarnos a organizarnos territorialmente y por sector.   Para convocar necesitamos demandas claras y objetivas que nos aglutinen, que nos coordinen y nos hagan ver un objetivo común. Eso es lo que permitirá organicidad y conducción política. A la par nos ofrecerá un objetivo de lucha y permitirá medir el avance del movimiento.   Dos demandas centrales capaces de aglutinar a millones en el frente más amplio posible serían: La renuncia de Enrique Peña Nieto y la Derogación de la Reforma Energética como fue concebida.   Bajo estas consignas se podría generar una convocatoria y motivo de organización. Que las luchas que hoy son dispersas tiendan a la unidad y que las acciones que hoy son espontáneas se coordinen en un plan articulado.   Las luchas exitosas logran condensar en pocas demandas el sentir generalizado, sin que eso implique que nadie de los que se sumen renuncie a sus intereses, luchas y programas específicos, que permitan la unidad más amplia.   Y ante el resquebrajamiento institucional, lograr que la justa rabia no sea efímera.

Comentarios en Facebook a Fernando Corzantes y en fernandocorzantes@yahoo.com.mx

 

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