Diciembre (se fueron los buenos deseos)

 Por: Ricardo Carapia

Ante la minimización de los problemas cotidianos sufridos por la población, la percepción de los ciudadanos sobre los gobiernos de distintos órdenes y partidos de procedencia, su actuar e incapacidades manifiestas, se permite mostrarse lo mismo en las calles que en otros parajes digitales. Aunque las plataformas utilizadas para mostrar descontento, generar acciones o movimientos serán parte de otra entrega, el tema no deja de ser primordial para una sociedad descompuesta, amenazada y herida.

En otra ocasión abordábamos el tema de la violencia, la percepción de la misma y la indiferencia social (ver Percepciones y realidades de la violencia), ante la exposición continua y prolongada de la sociedad a temas que poco a poco se convierten en parte del diario panorama. En este sentido, se deja ver desde hace algunos años el paulatino y constante crecimiento de la inseguridad en distintos rubros, ya no los casos que veían algunos únicamente en medios de comunicación como algo muy lejano, sino como hechos concretos y definidos, a veces con nombre y apellidos o desde la mirada propia como testigo.

Con ello, entiendo perfectamente que al ciudadano lastimado en sus bienes o su persona o de sus familiares y amigos, levante con más fuerza la voz que antes. Entiendo también que la política no permita al gobernante admitir que el control se le ausenta de las manos o que él mismo en ocasiones es parte del problema. Lo que no entiendo, es el tradicional afán de decir que no sucede nada, que las cosas y casos no representan una problemática grave o que son causa del descuido de otros.

Eso tan sólo en el complejísimo tema de la violencia, sus raíces, causas y consecuencias. Hablando de economía, empleo, ecología, cultura, educación, movilidad, justicia, transporte público, salud, el campo, agua, desarrollo urbano, gobernabilidad, obras públicas o legislación, por mencionar algunos otros temas, el entramado se complica aún más.

La responsabilidad no inicia meses después de que se toman las riendas, sino desde el primer minuto en el poder. Muchos entendieron al poco tiempo de haber tomado protesta, que las cosas no son tan sencillas como se ven desde la retórica externa, y una suerte de pretextos, jamás disculpas, vienen en tropel sobre los hechos que se van acumulando uno sobre otro, sobre otro, sobre otro.

Si a eso sumamos que muchos problemas son históricos, otros recientes y otros más son causados por los mismos que ahora gobiernan, entiendo también que el recurso más recurrente sea cerrar filas, negar y minimizar lo más posible,  atender lo que esté a la mano y que el día a día los vaya llevando. El tiempo para la planeación estratégica se va diluyendo entre las urgencias, las problemáticas heredadas y los nuevos desafíos.

Sin embargo, no es pretexto. En el caso de los tres principales partidos políticos, que son quienes mayormente cuentan con experiencia en la administración pública desde la caída del priísmo como gobernante único, no debería existir el pretexto ni la disculpa, considerando que si bien no es posible que conocieran como oposición el estado real de la situación, sabían perfectamente que se enfrentarían a una serie de retos que se esforzaron por enarbolar como banderas de campaña, y no contentos con eso, apuntaron (todos) el dedo acusador prometiendo manos limpias y gobiernos honestos, cercanos y transparentes. La gran realidad es que la decepción siempre nos alcanza.

El primer caso siempre es aislado. El segundo, no tiene relación con otros hechos similares. El tercero, es que fue culpa de quienes no atendieron el problema en su momento. El cuarto, estamos gestionando un recurso especial. El quinto, ya se acabó el tiempo, hicimos lo que pudimos y usted disculpe. Sobre esas realidades, nuestras percepciones no están tan equivocadas.

Y si encima de eso nos enteramos de los aguinaldos y prestaciones a los que tienen “derecho” rojos, azules, amarillos, morenos y grises, ¿de verdad esperan que nadie busque desahogar su frustración? ¿En serio creen que millones gastados, robados, negociados, concesionados, desviados o dilapidados no son motivo suficiente para que el pueblo manifieste su inconformidad? ¿Ver a sus amigos sin méritos colocados en cargos con salarios que el común de la gente no puede ni soñar para ellos en toda su vida, justifican los discursos atronadores y flamígeros contra locatarios, comerciantes o empresarios que no son del mismo color? ¿Insultar y perseguir a quienes desde la oposición responsable (como ellos dijeron serlo en su momento) apuntan los errores para corregirlos, es signo de ser estadistas y políticos serios y capaces? ¿Exigir el cambio de reporteros incómodos al poder, es ser transparentes y con manos limpias? ¿Las patadas (metafóricas o no) son signo de la tolerancia, la democracia y el respeto?

Si es así, me da una vergüenza terrible que en el extranjero, donde se la pasan tanto tiempo últimamente, los conozcan así como los conocemos nosotros. Deberían de haberse confesado.

ricardo.carapia@gmail.com
@richcarapia

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s