El Tour

Por: Fernando Corzantes

La amplia comitiva oficial desplazada desde Querétaro a tierras europeas, en particular a ciudad del Vaticano, no hace sino estimular la suspicacia del costo de ello para el erario estatal y los frutos o logros que tendrá la sociedad queretana de éste dispendio. Una de las facetas del abuso de poder es el uso patrimonialista de la hacienda pública, y los viajes son la muestra más evidente de éste descaro. Los viajes de los políticos, sobre todo al extranjero, continúan siendo un pozo profundo de falta de resultados, opacidad, nepotismo, grandes comitivas, corrupción, dispendio, y aún cuando se demuestre con hechos y evidencias los resultados, quizá los bares, asientos y lugares vip, carísimos hoteles, tubos con bailarinas, comilonas, fiestas, etc., dejen de ser parte del anecdotario de la cleptocracia nacional. Y en este rubro los políticos queretanos no son la excepción, es más han sido la nota nacional. Viajar con recursos públicos debería de ser tomado con gran responsabilidad, porque además del compromiso y el honor de hacerlo, no se viaja a título personal, sino con la representación del poder que confiere el puesto de representación. Pero lamentablemente hemos visto y sido testigos de un sinnúmero de gobernadores, diputados, senadores, presidentes municipales y burócratas que viajan con nuestros recursos (recursos públicos) de manera discrecional y dispendiosa, haciendo de supuestos motivos laborales y misiones gubernamentales, vacaciones con paseos y diversión familiar a costa del erario.

Ejemplos sobran, sólo recordemos la presencia del titular de la Conade y su compañera en la pasada olimpiada en Brasil; la asistencia a la final de la liga europea del gobernador Domínguez en días y horas laborales; los cien viajes de Ricardo Anaya a E.U.; los viajes de los presidentes de los partidos políticos nacionales, quienes acumulan millas de vuelo y gasto de las prerrogativas sólo en boletos de avión, que en dos años llego a más de 3 millones de pesos; “Bajo reserva” señalo hace unos meses de “la manera en que bebían y brindaban (los invitados y el Sr. Gobernador Francisco Domínguez) que más que buscar inversiones (en París) parecía una celebración por el primer año de gobierno, fiesta VIP que difícilmente se pago con los 759 mil pesos declarados”, esto entre muchas otras extravagancias.

Y no hay quién frene, ya que la Secretaría de la Función Pública, encargada de la supervisión y la rendición de cuentas en el gobierno federal, responsable de acotar el gasto y enfrentar la corrupción, reconoce tener poca idea de la forma en que sus empleados gastan el dinero público en el extranjero. La SFP sólo lleva registro en papel de los viajes de sus empleados, y las reglas del gobierno únicamente requieren pases de abordar y recibos de hotel como verificación. Esto significa que buena parte del gasto diario de los empleados no se somete a revisión. Y en los estados esto es peor.

Los recursos públicos erogados en los viajes siempre serán motivo de despilfarro y tentación cuando no se tienen principios éticos o bien se desconoce la norma y la ley. Y el problema está en la falta de transparencia y derroche de estas cuentas, las cuales no sólo son solapada por administradores, contralores, comisiones de transparencia, etc., sino que son aprobadas y restringidas al escrutinio público. En el fondo los tours, los viajes, las giras, son un espacio más de la corrupción. La corrupción es un problema de carácter sistémico que permea a casi la totalidad del cuerpo político en Querétaro y en México, baste señalar el estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) sobre el tema. Otro estudio señala que “México muestra un nivel de percepción de la corrupción elevado en prácticamente la totalidad de las instituciones”, expone el documento México: Anatomía de la Corrupción, presentado el Barómetro Global de la Corrupción, elaborado por Transparencia Internacional, en el que se indica que tras una consulta a 114 mil personas en 107 países, un 91% ve corrupción en los partidos políticos en México, 90% en la policía mexicana, y 87% en los funcionarios públicos. Es decir, 9 de cada 10 personas a nivel internacional consideran que los partidos políticos en México son corruptos. Esta percepción negativa de los partidos políticos se suma a los estudios hechos por otras casas encuestadoras como Parametría o Consulta Mitofsky, en donde se muestra una tendencia en México a tener percepciones negativas y rechazo a estas instituciones y sus personeros.

Finalmente de éste último tour (que no el último) de la clase política queretana podemos citar al filósofo Dagobert D. Runes “Las personas viajan a destinos distantes para observar, fascinadas, el tipo de gente que ignoran cuando están en casa”.

 

Comentarios en Facebook a Fernando Corzantes y en fernandocorzantes@yahoo.com.mx

(Consejero del Instituto Nacional Electoral)

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