Historias de tres Méxicos

Por: Ricardo Carapia

Hoy murió un hombre. Era una persona que tenía familia, como tú y como yo. Una persona que cada día salía de casa a buscar el sustento para los suyos, y que por su cabeza jamás pasó que al despedirse en la mañana, sería la última ocasión que lo verían con vida.

Seguramente mientras se enfilaba al trabajo pensaba muchas cosas. Tal vez escuchaba algún noticiario y se enteraba que Trump es el nuevo presidente de EEUU, o tal vez sólo iba en silencio pensando en que la Navidad se encuentra a la vuelta de la esquina. Esos pensamientos remitirían tal vez a la felicidad de ver a todos reunidos en la mesa, ver a parientes que sólo ve de vez en cuando, y al dinero que hay que ganarse para darse ese pequeño lujo anual.

Seguramente en algún momento de sus pensamientos pensó en su mujer, en sus hijos, en lo mucho que ha trabajado a lo largo de los años, en lo mal que está la situación del país, en la locura que representa Estados Unidos y lo caro que está todo, en la siguiente mensualidad pendiente, en las colegiaturas, y seguramente a pesar de lo gris del panorama; algún momento de sonrisa debió haber tenido, pues sabía que el esfuerzo había valido la pena.

Sin embargo, jamás llegó a la oficina.

En algún momento del día, otra persona que tenía familia como tú y como yo, una persona que cada día salía de casa a buscar el sustento para los suyos, por su cabeza pasó que existía una manera más fácil y rápida de salir adelante en la vida.

Seguramente ese día mientras se encaminaba a la búsqueda de trabajo, pensaba muchas cosas. Tal vez escuchaba algún noticiario y se enteraba que el precio de la gasolina subía de nuevo, que el transporte público también, que el aguacate o el huevo o el predial incrementaban precio, o tal vez sólo iba en silencio pensando en que la Navidad se encontraba a la vuelta de la esquina. Esos pensamientos remitirían tal vez al dinero que hay que ganarse para darse pequeños lujos durante todo el año.

Seguramente en algún momento de sus pensamientos pensó en él, en su madre, en lo mal que está la situación del país, en el pariente que se fue a buscar jale en los Estados Unidos, en la locura que representa lo caro que está todo. Y seguramente, ante lo gris del panorama, algún momento de sonrisa debió haber tenido, pues sabía que los esfuerzos valdrían la pena. Jamás llegó al puesto de periódicos para ver las vacantes.

Sus historias se encontraron en algún momento. Uno murió. El otro escapó con las manos ensangrentadas y la pobre quincena del primero.

Entretanto, los encargados de la seguridad económica de los dos, se ocupan más de la foto y el aplauso. Mientras tanto, los encargados de la seguridad física del primero se ocupan de delitos “más graves y preocupantes” mientras dicen que esos números no representan la realidad o que es culpa del que estaba antes en su lugar. Al mismo tiempo, los encargados de los gobiernos se sirven con cuchara grande, roban a destajo millones de pesos y nadie los encuentra, o se hallan en otros países haciendo negocios que se reflejarán en pocos bolsillos.

Cuando eso sucede, los presidentes de los partidos políticos y los servidores públicos, aquellos según interesados en mejorar la economía y la calidad de vida de los mexicanos y la seguridad de todos, ganan sueldos que el protagonista de nuestra historia jamás soñaría para él o los suyos. Lo irónico es que él mismo contribuyó para pagarles ese sueldo y que lograran enviar a sus familias a Atlanta o poderse comprar ranchos o departamentos o casas blancas, o construir presas en sus grandes terrenos.

Irónicamente, el protagonista de nuestra historia aportó de sus ingresos lo suficiente para ayudarles a pagar servicios de seguridad privados, vehículos blindados para llevarlos a su trabajo y a los eventos sociales, los dispositivos de seguridad para sus casas y que no les roben sus relojes millonarios. Además, aportó de sus ingresos lo suficiente para ayudarles a tener viáticos para sentarse con sus pares a decidir cómo joder a México al aumentar el techo de los recursos destinados al Ramo 23, o cómo plantear mejores concesiones para los amigos, poderse ir a reuniones partidarias a hoteles caros en la playa con algunas amigas y pagar muchos, muchos anuncios en los medios de comunicación a pesar de no estar en tiempos electorales.

Mientras todo esto sucede, la familia del hombre que hoy murió, jamás pensó que al despedirse en la mañana sería la última vez que lo verían vivo. Ahora ven que la Navidad se encuentra a la vuelta de la esquina. Su viuda y los huérfanos se dan cuenta que a pesar de lo mucho que él había trabajado a lo largo de los años y con lo caro que está todo, no habrá para la siguiente mensualidad pendiente y las colegiaturas. Ya no digamos para el huevo, el aguacate o el predial. Ante lo gris del panorama, ellos, como tu y como yo, no ven venir pronto algún momento para sonreír.

ricardo.carapia@gmail.com
@richcarapia

 

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4 Comments Add yours

  1. oosorio456 says:

    interesante artículo

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  2. Rolan says:

    Ricardo fiel descripción de nuestro día a día y de nuestra lamentable y enojosa realidad, fiel retrato de un primer México de gente de bien, que cree en la superación, que lucha, que trabaja como puede y se esfuerza por sacar adelante a los suyos, a su comunidad, a su país, a él mismo, un primer México que enarbola El Credo de nuestro Vate López Méndez pero que se ve arrasado, atropellado y revolcado por esos otros dos Méxicos que ostentan la tranza y la corrupción que bien dibujas, ahh si pudiésemos educarles y hacerles pagar todas sus canalladas! Enhorabuena Ricardo.

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  3. josefina camacho hurtado says:

    uuuffff muy bueno, muy real, muy triste, y muy injusto.

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  4. María L says:

    Tristemente: excelente texto…

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