¿Por qué los políticos odian a México?

Por: Fernando Corona

Esa es la pregunta que tengo haciéndome desde hace un buen tiempo, no logro descifrar si mi respuesta es acertada o no. Hace un par de semanas lancé esta pregunta en una reunión familiar y las reacciones extrañas no se hicieron esperar, me preguntaban con curiosidad por qué creía yo que los políticos odian a México y mi respuesta paralela entre  convicción y duda no logró convencer a nadie.

Los actores políticos odian a México, simple y sencillamente porque todas las acciones que realizan siempre van encaminadas a perjudicar al país, este país que les ha dado todo, incluso e increíblemente, su posición dentro de la política.

En México resulta increíble que la política es el negocio más noble y la profesión más rentable que hay. En este país es posible que cualquiera sea político, no importando ni su preparación académica, ni su don de servicio, ni sus virtudes, ni su filiación, ni mucho menos sus intenciones. Es decir, cualquier persona con un poco de paciencia y aguante puede llegar a aspirar a los escaños más altos que dicta la escalera política.

Ejemplos hay muchos y no nos llenan de orgullo: la actriz Carmen Salinas es diputada federal por el PRI, y aunque dudo mucho de su preparación para hacer un buen trabajo legislativo, dudo más  del tiempo que le destina a su curul: continúa haciendo telenovelas de vecindad y apareciendo en televisión hablando de todo menos de lo que su función le exige.

Cuauhtémoc Blanco, el otrora jugador americanista, hoy día es Alcalde de Cuernavaca. Los resultados no me atrevo a cuestionarlos porque no los vivo en carne propia, pero de que la vocación está accidentada eso es indudable, y esto sólo por mencionar a dos personajes que gracias a Dios no son más protagonistas que de sus pobres y mediocres carreras, pero vámonos a lo alto, a los que si perjudican seriamente a la sociedad con sus odios recalcitrantes.

El mismo Presidente, con una dudosa carrera en Derecho y severamente cuestionado por el asunto de la tesis plagiada, cierto esto o no,  es el hombre más poderoso del país, entonces México da esa posibilidad, México otorga esos beneficios por medio de sus malogradas instituciones partidistas (léase institutos políticos), estos entes que buscan por sobre todas las cosas la manera de posicionar a sus candidatos en los puestos de poder, cuenten éstos o no con las capacidades necesarias para ello. El chiste es ganar y ya luego ven como  resuelven lo que se llegara a presentar. 

Claro es que hay personajes en la política que gozan de grandes carreras y pueden presumir de prestigiosos títulos en las mejores universidades del mundo,  sin embargo  esos harto estudiados también buscan acomodo en las esferas del poder y también sus resultados son altamente cuestionados, por lo tanto concluyo que no es un asunto ni de capacidad, ni de academia ni de posibilidades, es un asunto de odio.

Odian a este país, le tienen “tirria”, coraje, de otra manera no se explican las decisiones que se toman todos los días. En semanas pasadas Tomás Zerón de Lucio presento su renuncia al cargo que ostentaba para irse a ocupar un lugar como Secretario Técnico de Seguridad en Los Pinos; Alfredo Castillo fue seriamente cuestionado por los atletas que fueron a Río y el Presidente lo ratificó en su puesto (y peor aún, los legisladores aceptaron la decisión); Ángel Eladio Ramírez, quien fuera gobernador de Guerrero cuando estalló el escándalo de los estudiantes de Ayotzinapa, renunció a su puesto en la parte más crítica del conflicto; Luis Videgaray, artífice de la idea de traer a Trump renunció y ahora más que desempleado estará planificando su regreso a la ventana política. Padrés está fugado, Borge sigue libre  y los  Duarte batallan con sus propias conciencias. Ebrard está en un autoexilio, Monreal no se cansa de estar en el conflicto, AMLO ha denostado a las instituciones de este país… ¿eso no es odiar?

Parece entonces que los políticos odian a México, lo odian tanto que lo han saqueado,  lo han agredido, lo han robado, le han hecho daño, se han aprovechado de este país, lo tienen como rehén de intereses propios, lo tienen secuestrado, amordazado, amarrado, vendado,  lastimado.

No hay para mi otra explicación a semejantes acciones hacia un país que les ha dado todo lo que tienen, que no es poca cosa. Les ha dado poder, dinero, posición social, viajes, guardarropa, aviones, la posibilidad de engrosar su patrimonio a escala máxima, les ha dado cuadro en televisión, les ha dado la posibilidad de ser conocidos por todo el mundo, ha puesto su cara en todos los rincones del país, una vida por demás resuelta para ellos y tres generaciones más. ¿Por qué odian a México? Si por él son quienes son, y tienen lo que tienen.

Se vislumbran cambios generacionales en materia de política. Hoy en día son cada vez más jóvenes quienes están tomando poco a poco las riendas, esperemos que sus corazones tiernos empiecen por querer más a un país que de suyo es amable, hospitalario y noble, que hemos desgastado a lo largo de los tiempos y no sabemos en realidad cuánto tiempo más aguante en sus entrañas a gente que le odia

fcoronagarcia@gmail.com

 

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  1. Valentina Amor says:

    ¿Qué tal durmió?… preguntaba el ilustre German Dehesa…

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