La muerte y el día de muertos

Por: Josefina Camacho

Cuenta la leyenda que una vez al año los muertos regresan a visitar a su familia. El Día de Muertos en México es una celebración Indígena Declarada por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

 Tiene sus orígenes en la época prehispánica con diferentes grupos como: Aztecas, Mayas, Purépechas, Nahuas y Totonacas, que conservaban cráneos como símbolo de muerte y de renacimiento. Era una celebración a la vida que tuvieron sus ancestros, familiares y niños, la fiesta era el noveno mes del calendario solar azteca, casi al inicio de agosto y duraba prácticamente todo el mes, estaba presidida por Mictlantecuhtili (señor de los muertos) y su compañera Mictecacihuatl (dama de la muerte). Esta última es un icono de México no solo en celebraciones, ya que forma parte del arte y cultura del país, como imagen y como protagonista de infinitos cuentos y leyendas.

Me parece tan interesante y me siento tan orgullosa de estas tradiciones que por años y años siguen perdurando en nuestra cultura, me encanta saber que la gente sigue poniendo altares en su casa, que van al Centro Histórico o a los mercados a comprar calaveritas, incienso y papel picado, que preparan dulce de calabaza y compran pan de muerto, que visitan los panteones y arreglan las tumbas o nichos con flores de cempasuúchitl. Es una fortuna contar con una cultura tan rica como la que tenemos, a pesar de que a nuestros antepasados les impusieron unas costumbres y una religión distintas, el seguir manteniendo y festejando días como estos en verdad resulta una maravilla.

El destino que tenía el Teoyalía (alma) del difunto era determinado por el tipo de muerte que había tenido, y no por su comportamiento en vida. Los muertos en combate, así como las mujeres muertas en el parto iban a Omeyocan (paraíso del Sol) o Cielo, quienes morían en circunstancias relacionadas con el agua iba a Tlalocan (paraíso de Tlaloc), los niños iban a un lugar llamado Chichihuacuauhco donde había árboles que goteaban leche para alimentarlos, y por último a Mictlán o Xiomoayan (reino de los muertos, o inframundo) que era un lugar poco favorable y a donde llegaban las almas no elegidas por los dioses o que habían tenido una muerte común. Este lugar tenía nueve pisos que el difunto recorría en un periodo de cuatro años hasta llegar al último piso llamado “obsidiana de los muertos” donde por fin descansarían, desaparecerían, o se convertirían en colibrí.

Es tan particular la creencia que estos grupos tenían a cerca de la muerte, si bien la mayoría de las culturas o religiones se basan en el comportamiento que cada persona ha tenido en su vida para entonces definir a donde ira su alma cuando muera, independientemente de que en muchas el alma pasara de cuerpo en cuerpo y de generación en generación, antes de encontrar la paz que le permita descansar por fin; en el caso de estos grupos indígenas se basaban únicamente en el tipo de muerte que tuvo la persona para entonces poder llegar a su destino final, sin importar la vida que ha llevado.

En Europa y más específicamente en Inglaterra y Escocia se creía que las almas pasaban a las aves, por ejemplo los marineros  y los niños no bautizados habitaban en los cuerpos de las gaviotas hasta el día del juicio final. Según los galeses, la reencarnación se inició con los celtas en la prehistoria, y fue a través de ellos como encontró su camino para florecer en el hinduismo y el budismo.

La muerte entonces para los budistas representa la regeneración, es un paso a una mejor vida, a una definitiva, lo que la convierte en el suceso más importante de la vida, para esto tienen un libro dedicado a muerte (El Bardo Thodol, Libro Tibetano de los Muertos), ya que consideran que ésta dura 49 días para volver a renacer, es una guía para los moribundos y muertos en la búsqueda de un cuerpo y un entorno que le sean familiares. Entonces ocurre cuando una mujer puede quedar embarazada y una conciencia busca su continuidad, es ahí cuando ocurre la fertilización quedando embarazada y la conciencia encontrando un nuevo hogar. Esta reencarnación puede ser en otra persona, animal, algo divino o demoníaco, todo esto de acuerdo al karma de cada persona, es decir, las acciones de las personas influyen y se trasladan de una existencia a otra.

Para el Hinduismo también las personas viven muchas vidas, y cada reencarnación dependerá de sus actos o comportamiento en su vida anterior, el cuerpo es temporal, mientras que el alma pasará de un cuerpo a otro. Tanto para hinduistas como budistas la reencarnación continua termina cuando llegan al Nirvana rompiendo entonces el ciclo de Samsara, que es cuando todas las deudas del karma han quedado saldadas. Esto se logra cuando la persona ha llegado a un momento de plenitud y paz interior, es decir, sin orgullo, ni odio, envidia y egoísmo.

En África las tribus creen también en la reencarnación, por ejemplo el clan de los zulúes afirma como la mayoría de las creencias que en el cuerpo habita el alma, y que dentro de esta hay una chispa del espíritu divino: el I Tongo. La mayoría de las tribus creen que los muertos regresan en forma de seres humanos y o de animales, ellos también creen que de acuerdo al comportamiento de las personas su reencarnación será más elevada o perfecta hasta cesar el renacimiento. Podrán regresan en forma de serpiente si son nobles, los plebeyos con buena posición en cocodrilos y los inferiores en forma de águila, a todos ellos dedican sacrificios pues tienen poderes sobrenaturales que ayudan a los que están vivos y estos sacrificios prolongan su existencia en la otra vida para que puedan renacer.

Para los católicos la reencarnación no existe y cuando las personas mueren el alma va a su destino final y eterno, que de acuerdo al juicio final puede ser el cielo, el purgatorio o el infierno, donde vivirán eternamente, pues la muerte es la consecuencia del pecado que cometieron Adan y Eva. Sin embargo, al final de los tiempos todos los muertos resucitarán, quienes hicieron el bien tendrán vida eterna, pero quienes hicieron mal serán condenados.

Siempre la diversidad nos enseña muchas cosas, saber que existen tantas formas de ver la muerte me parece algo súper interesante, y me llena de gusto saber que aunque todos creen más o menos lo mismo, las diferentes culturas o religiones las hacen diferentes y esa es la maravilla de la vida y del mundo en el que estamos: que hay de todo, que cada quien cree fervientemente en lo que quiere y que al final cada quién llegará (ojalá) a ese lugar tan maravilloso y deseado, por lo tanto no somos entonces tan distintos como creemos, o como algunos quieren creerse.

Entonces la vida es pasajera, y la muerte parece ser un viaje con el fin de lograr el descanso eterno de nuestra alma, pero este se da mayormente si logramos tener una vida llena de buenos sentimientos y buenas acciones para con los demás (todos sin distinción de nada), y para con nosotros mismos. Quiero pensar que esto es la tranquilidad y paz espiritual que todos queremos algún día alcanzar, por simple felicidad en vida y para llegar a ese lugar del descanso eterno. Cabe destacar que la única excepción aquí es con nuestros antepasados, donde el tipo de muerte determina a dónde van y no sus acciones cuando estuvieron vivos.

Por nuestra felicidad, la del mundo, y el descanso de nuestra alma (pues considero que debe ser sumamente cansado vivir tantas vidas) cuando nos llegue la muerte es mejor llevar una vida en armonía con los demás y con nuestro entorno. Hace poco leí la colaboración de mi compañera de Catalejo, Valentina Amor, donde hace esta mención: “Qué tal si nos hablamos amablemente unos a otros y evitamos agredir” (ver Yo creo que cree que soy…), creo que ahí radica la felicidad de nuestras almas, en la empatía que tengamos con los demás, en el respeto que le tengamos a la gente, a la naturaleza, a los animales, a nuestro mundo. Y eso es más sencillo de lo que creemos, solo es cuestión de intentarlo y de romper esas barreras culturales, económicas, geográficas y religiosas que nos hacen actuar como no debemos, y por lo tanto nos alejan de un modo u otro de lograr nuestro descanso eterno.

jcamacho@puertadelcielo.com.mx
@jcheps
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2 Comments Add yours

  1. josefina camacho says:

    Ramiro agradezco infinitamente el que hayas leído mi colaboración, y agradezco mucho más tu comentario.

    Intentar tan solo abarcar todo eso que mencionas me llevaría más que una colaboración, y pretender abarcarlos todos me sería imposible. No estoy generalizando, trate simplemente de tocar o comentar algunas creencias.

    Gracias nuevamente y Feliz Día de Muertos.

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  2. Ramiro Frias Historiador says:

    Leo con cuidado tu texto, y entiendo que tu intencion es dejar clara la necesidad de eliminar barreras y acercar a la humanidad a pesar de sus diferencias, asunto encomiable sobremanera, sin embargo el texto tiene muchas impresiciones antropologicas y reduccionismos graves en cuanto a las diferentes religiones. Africa tan solo, al igual que America y concretamente Mexico, son un crisol de diferentes concepciones de lo espiritual, y seria terrible generalizar las creencias del grupo predominante en determinada epoca aplicandolas a todos los grupos originarios de la region. Repito que entiendo el fondo de tu intencion pero con todo respeto te falta mucho por aprender de historia de la humanidad y de las religiones, que abordarlas desde la superficialidad es negar la historia de la humanidad.

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