El valor de la participación ciudadana: Demagogia y realidad

Por: Ricardo Carapia

A decir de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual México es adherente desde 1994; en los últimos años los ciudadanos y las OSC’s tienen cada vez mayor presencia e importancia, al plantear problemáticas, formular reivindicaciones y buscar incidir en las decisiones de las autoridades. El fenómeno se complementa con una menor participación en los procesos democráticos formales, por lo que los gobiernos se ven obligados a establecer nuevas relaciones con los ciudadanos. (Participación Ciudadana, OCDE-Marc Gramberger, 2001)

Al aceptar la cada vez mayor complejidad de nuestras sociedades, el fortalecimiento de las relaciones entre los servidores públicos y los ciudadanos se convierte en una tarea fundamental, que involucra actores y tareas específicos, alejados de la retórica y la demagogia tradicionales.

El papel de la política como engrane indispensable del Estado democrático moderno, amén de vicios y corruptelas del sector, tiene mecanismos de acción que le permiten dignificar su imagen y retomar su camino al servicio del pueblo, a través de aspectos prácticos como la participación ciudadana, hecho que tiene su base en la información; y que cuenta con herramientas de apoyo como son las Tecnologías de la Información (TIC’s).

El tema aquí es su implementación en gobiernos donde por cultura, usos y costumbres, se busca no el respeto a la diversidad de opiniones y la generación de políticas de desarrollo a partir del complemento de las instituciones desde la sociedad misma y sus diferentes sectores; sino la perpetuación velada o manifiesta de actos de corrupción, en algunos casos, o en otros simple interés de permanecer en el sistema como garantía de ingresos económicos, pues saben bien que fuera del sistema, la economía no permite al ciudadano común percibir tales ingresos y privilegios.

Por tanto, en un sistema que permita la correspondencia idónea entre gobernantes y gobernados, la información pública se convierte en un factor determinante para la elaboración de políticas públicas y la participación ciudadana en la toma de decisiones, a partir de la consulta. Esta relación simbiótica ha sido desde los albores de la democracia, el motor primero del desarrollo. Los estados fallan y las democracias se demeritan, cuando los puntos mencionados pasan a segundo término y se contribuye a la pérdida de confianza.

Una ciudadanía activa y efectiva no se mide, por ende, únicamente a través del voto, sino a través de la confianza o el descontento en la institución. Es decir que hay factores cualitativos y cuantitativos que debe el gobernante tomar en cuenta sin menospreciar unos datos frente a los otros, pensando que el número duro y medible fácilmente es superior a los valores subjetivos. De ello nace que hay indicadores de medición y de percepción, para dar un panorama completo del estar y el sentir, que a final de cuentas la sociedad se compone de seres humanos y la política no busca gobernar números (Ver: Percepciones y realidades de la violencia).

La incidencia de las TIC’s en el actuar diario de nuestras sociedades, han permitido una mayor exigencia de transparencia y responsabilidad de parte los servidores públicos, mientras que las percepciones circulan en todo momento a través sondeos, encuestas, medios de comunicación, redes sociales, mensajes de texto, notas de voz, blogs, fotografías, videos y demás material que permita la tecnología al alcance de los ciudadanos.

Las actividades básicas de la administración pública no han variado mucho desde el inicio de la sociedad organizada: seguridad para los ciudadanos y servicios públicos. Históricamente, desde el momento en que el gobernante descuida alguna de éstas, surgen tensiones y acciones que llevan al Estado a derroteros donde difícilmente se ve que la mayoría haya sido beneficiada.

Es decir, la verdadera voluntad política no busca imponerse por la fuerza, y menos desde la poca representatividad que tiene el gobernante a partir de la participación electoral dada. La verdadera voluntad política busca construir en acuerdos, y toma en cuenta que la ciudadanía es de donde surge su carrera política y desde donde puede acabarse. El éxito del fortalecimiento de la relación entre las instituciones y los gobernados, es a través de la participación de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones.

Todo lo anterior, no es un tema desconocido ni nuevo. Nadie inventa actualmente el hilo negro al respecto. Lo preocupante son las recientes generaciones de políticos profesionales que se han olvidado de esas reglas básicas, o pretenden fingir que no existen. Sin embargo, son reglas tan inflexibles que han permanecido desde hace siglos en el quehacer de las democracias.

Por ello, las estructuras deben ser sensibilizadas permanentemente, la asesoría externa calificada no debe menospreciarse, la estrategia siempre es una forma segura de conseguir beneficios conjuntos sociedad-gobierno. Recordemos que los expertos muchas veces están del otro lado de la esfera gubernamental.

Los mecanismos existen, los objetivos están claros y las herramientas están al alcance de todos. Por otro lado, el descontento generalizado es un hecho que no desaparece por mágicas declaraciones de manos que no tiemblan, de costos políticos por desatender. Es una realidad innegable que el beneficio de la sociedad acarrea un beneficio inmediato al político; por ende sería lo más sensato no subestimar a un pueblo con mayor poder de información en sus manos que hace 5, 10 ó 20 años. Las evaluaciones críticas son inmediatas y no esperan. La interacción busca caminos y no admite reclamos por hacer aquello que le corresponde por derecho y obligación.

Y es que es ahí cuando el político entiende que hacer campaña no es lo mismo que gobernar de verdad. Que la capacidad de oratoria o el discurso incendiario no le garantizan un gobierno eficiente al llegar al poder. Que el ser de piel dura ante la crítica no implica insensibilizarse ante quienes utilizan de buena fe los mismos medios que otros usan para la denostación. Que sembrar falsas expectativas ya no es lo mismo que antes, cuando la autoridad no estaba a la vista del pueblo más que cuando buscaba el voto o salía en la foto.

Y sobre todo, que aceptar los errores contribuye al replanteamiento de prioridades y permite la coordinación real, pues para los servidores públicos la rendición de cuentas es un acto diario, no anual.

Mosaicos

A la alza en delitos y a la baja en transparencia, según el Semáforo Delictivo y el IMCO. Para el análisis, sin filias ni fobias:

http://www.semaforo.mx/content/semaforo-delictivo-nacional

http://imco.org.mx/politica_buen_gobierno/indice-de-informacion-presupuestal-estatal-iipe-2016/

ricardo.carapia@gmail.com
@richcarapia
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  1. Valentina Amor says:

    Triste pero cierto, el político alaba o denostar al IMCO según su beneficio.

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