Televisa: ha muerto el rey

Por: Danielopski

En el verano de 1997, Televisa adquirió los derechos televisivos de los partidos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Los Pumas, sí, aquél equipo de glorias y mística esencia, sacaban del palomar del Estadio Olímpico Universitario a José Ramón Fernández y compañía, cronistas de Imevisión y luego, TV Azteca. Aquella directiva universitaria se dejó seducir por los billetazos del joven Azcárraga Jean, que ante la muerte de su padre en abril de ese año, tomó el control de la empresa.

El fútbol visto como asunto de Estado ha sido una forma de explicar el poder económico que controla a México. Hoy es mucho más evidente la manera cómo se marca el territorio a través de este deporte por parte de los dueños del país, pero por años Televisa fue amo y señor de una industria millonaria. ¿Quién contra Televisa? Nadie, más que el tiempo. No es nada ocioso ligar poder y medios de comunicación, y tan poderosa era la empresa, que los hombres que hacían política sucumbían ante la seducción emanada del rating, del placer del micrófono y de las noticias que enaltecían su imagen. Por algo Peña Nieto fue presidente, la última canallada de la empresa.

Muchas generaciones crecimos pegadas a los pésimos contenidos que generaba la televisora de San Ángel. En los ochenta, cuando no había una industria real de televisión de paga, la señal abierta llegaba a todos los rincones del país llevando personajes perfectamente bien diseñados a través de las telenovelas de Televisa: mujeres pobres que lograban la fortuna y conseguían el amor fue una fórmula exitosísima que trascendió hasta llegar a otros países del tercer mundo. De Jacobo Zabludovsky a Joaquín López Dóriga, el Estado manejó la información a pleno beneficio de sus intereses. Televisa, lo digo sin exagerar, construyó el imaginario colectivo de una nación por décadas.

En aquellos años de finales de los noventa, venían esperanzas de cambio que nos hacían pensar que el PRI dejaría de gobernar al país, cosa que pasó a finales del año 2000; pero no teníamos capacidad de imaginar el futuro y pensar que el fin de Televisa un día llegaría. No imaginábamos la vida digitalizada. Quizá algún teórico entendió el fenómeno que representaría el internet, pero nosotros no hubiéramos pensado jamás la vida sin Blockbuster, por ejemplo. Igualmente nunca hubiéramos creído una posible transformación en los contenidos noticiosos, ni la manera como se viralizaría la información. Y esto que sucede ahora no significa que estemos mejor que antes, que el desplome de Televisa y su pérdida paulatina de poder haya traído mejores condiciones democráticas.

Estamos ante una relativa apertura desaprovechada en contenidos creados por la gente que nada aportan a la construcción de un nuevo imaginario, ahí está el asunto de #LadyCoralina; y es que en México exhibimos en menos de un mes, desde la marcha del Frente Nacional por la Familia y el chisme feisbuquero de #LadyCoralina, nuestro interés desmedido por la vida sexual de terceros. Sí, esto también explica qué clase de nación hemos formado.

Televisa deja de ser lo que era no por la democratización del país; la dinámica que toma la digitalización de la información va más allá de leyes en materia de telecomunicaciones, quien manda es la tendencia y la siempre poderosa ley de la oferta y la demanda, y Televisa ahí tiene cabida, la mierda de sus contenidos seguirá siendo consumida, no precisamente en plataformas digitales, pero quien quiera pasar al espacio digital esos contenidos puede contratar Blim. Pero la dinámica de una audiencia, no más inteligente pero si más exigente, dejará de consumir las producciones de Televisa. La industria del entretenimientos se adapta a los beneficios de la banda ancha; nacen y se posicionan nuevos gigantes como Netflix y Claro Video, el poder se fragmenta y hasta los youtubers se llevan su pedazo de pastel, y en el reacomodo del quién es quién, Televisa no dejará su razón de ser que definió una vez Azcárraga Milmo en 1994: “México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil.” Es en este lamentable pero existente mercado donde Televisa seguirá manteniendo su ya endeble cuota de poder.

/danielopski
@danielopski

 

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