La ciudad como escenario cultural y educativo

Por: Fernando Corzantes

Con la idea de acercar a los jóvenes a conocer y vivenciar nuestro arte y cultural local, la maestra Ophelia Muñoz organizo Expresarte Cuenta, proyecto de acción educativa para el conocimiento, uso y disfrute de sitios de Patrimonio Cultural de la Humanidad ubicados en Querétaro.  A partir de esta idea se me invitó a ofrecer una charla a los jóvenes del Cetis 16, la cual presento en esta colaboración semanal de manera resumida.

Vivir en la ciudad implica, vivir la ciudad; en la que sus calles, plazas y monumentos son espacios que expresan y confrontan la cultura contemporánea. A su vez son reflexión de un tiempo, ya que contienen el arte urbano, sus rebeldías y resistencias; albergan las construcciones postmodernas al lado de las coloniales y los restos prehispánicos.   Nuestra ciudad está habitada por gente conectada a las más modernas tecnologías y gente excluida de beneficios sociales. La metrópolis contemporánea que es ahora Querétaro es un crisol de ideas, vanguardias y retaguardias políticas, económicas, sociales, culturales y artísticas.

De ahí podemos distinguir tres elementos, la plaza, el monumento y el escenario.  La plaza, es el lugar para abordar el espacio; el monumento, es el elemento en el que significamos la memoria y el tiempo; y el escenario, por su visión, donde todos somos actores.  Diríamos con apoyo de la semiótica, que podemos leer la ciudad como un texto visual. Como escenario y lugar de seducción, la ciudad abriga el imaginario de la fiesta que acerca a los diferentes. Pero el escenario, que antes ocupaba el espacio público, así como calles y plazas, ahora cede lugar a los shopping centers, centros culturales, gastronómicos y de esparcimiento, barrios bohemios y el centro histórico.

Vemos que no existe una sola ciudad, sino múltiples, que hablan distintas lenguas.  No sólo existe un escenario-ciudad, sino diversos, en los que internet se transforma en un escenario más.   A pesar de los problemas, la ciudad se abre para aquellos que la transitan, sea como dandy callejero, para mirar y ser mirado.   En la ciudad se juegan muchos juegos, cuyas reglas son distintas, plurales. Andar por la ciudad es como participar de un juego de seducción, donde ser visto implica manipular y compartir conocimientos especiales, reglas y etiquetas.

Desde esta mirada la ciudad adquiere un papel dinámico en los procesos educativos, pues ella devela la historia, las relaciones sociales, el sistema económico, los sistemas de creencias, la política, la cultura, la ideología imperante, el arte y más.   La ciudad como escenario de aprendizaje nos permite realizar una educación que relaciona los lugares que habitamos a diario, con los indefinidos sistemas que le dan forma.  Cuando la ciudad se convierte en escenario de aprendizaje, la escuela pasa a ser un lugar de puertas abiertas que invita a explorar, a conocer, a descubrir, a innovar y a proponer acciones de desarrollo y mejoramiento en beneficio individual y social. Es así como el desarrollo de esta propuesta hace realidad el derecho que tienen los niños, niñas y jóvenes a acceder y disfrutar de la ciudad, haciendo del acto educativo un proceso de corresponsabilidad social, en palabras de Freire, “serio, curioso, cuestionador, crítico, creador y sobre todo, alegre y placentero”.

La ciudad se convierte en el “escenario de aprendizaje” cuando los museos, teatros, centros culturales, observatorios, parques y reservas naturales, bibliotecas, universidades, fundaciones, empresas, corporaciones, etc., crean las condiciones para que el acceso al conocimiento trascienda las puertas del aula, al promover que la escuela vaya a la ciudad, pero a su vez la ciudad vaya a la escuela. La ciudad se vuelve entonces el soporte material del aprendizaje y el desarrollo individual que supera la apreciación estética y que la convierte en la suma de sujetos que aportan a un efecto común, un efecto social de trascendencia. La ciudad ya no es un cuerpo externo sino la viva representación del cuerpo mismo del individuo. Se vuelve parte de él, pues él se ha apropiado de la ciudad a quién la ve como la extensión de sí mismo.

Es necesario involucrar los conocimientos de las diferentes ciencias y artes e iniciar con los niños, niñas y jóvenes, dinámicas donde las reglas sociales y naturales cobran sentido para quien las practica, las vive y las conoce, es decir, seres conscientes capaces de leer su entorno, entendiéndolo y dándole sentido como individuos y como seres sociales. Es necesario trabajar por una educación que forme seres humanos críticos, creativos, productivos, pero sobre todo seres humanos felices, que sepan pensar y disfrutar.   La identidad cultural enmarca valores, tradiciones, símbolos y creencias, es por ello que en el proceso de “enseñanza-aprendizaje” se deben establecer acciones que faciliten la cohesión de dichos elementos en los diferentes escenarios de aprendizaje, para que los estudiantes puedan fundamentar su sentido de pertenencia.

Un aspecto fundamental de aprovechar la ciudad como escenario de aprendizaje, tiene que ver con la formación de ciudadanos conocedores de sus derechos y obligaciones en el entorno social, lo que les permite, a partir del conocimiento y la identificación de la propia ciudad, asumir un rol participativo y transformador de la misma.   Se trata de formar individuos para la gestación de un nuevo espacio público, una “esfera pública ciudadana” que lleve a la sociedad a tener voz activa en la formulación de las políticas públicas y a contribuir en la transformación del Estado.

fernandocorzantes@yahoo.com.mx
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