Del desencanto a la amargura

Por: Fernando Corzantes

“Los mexicanos estamos cada día más jodidos.

Eso no lo cuentan, pero cuenta mucho”.

La clase política mexicana y el empresariado aliado a ésta, conforman un compacto grupo de privilegiados, que en cada administración, ya sea municipal, estatal o federal, hacen uso del patrimonio público como cosa privada. Ejerciendo enajenaciones, contratos, compras, licitaciones, usufructo, explotación, donaciones, exenciones, prestamos, concesiones, otorgamientos, ventas, licencias, condonaciones, etc., muy bien apegadas a las leyes y reglamentos vigentes, que los hacen de un día a otro fastuosos millonarios y defensores del régimen vigente. Ah, y por si fuera necesario, también tienen el privilegio y la fuerza del Estado y de sus instituciones para chantajear, corromper, expoliar, sustraer, malversar, despojar, saquear, sangrar todo tipo de riqueza nacional y trucar, chicanear, manipular y modificar ordenamientos, reglamentos y leyes, en su beneficio. En suma, el aparato de Estado es utilizado en beneficio de la voraz cleptocracia.

Ejemplos hay miles, como la evasión tolerada a paraísos fiscales; la denuncia de la organización no gubernamental Fundar Centro de Análisis e Investigación, sobre las condonaciones hechas por el Servicio de Administración Tributaria (SAT) por 5 mil 654 millones de pesos a personas morales, físicas e incluso del sector público, como Industrias Campos Hermanos, Volkswagen, Simec, Casas Geo, Televisa, Televisión Azteca, entre muchas otras.

¿Pero es ésta la función del Estado?. Cuando se habla de las funciones del Estado, se está haciendo referencia al ejercicio real y efectivo del poder, que puede definirse como las direcciones de la actividad del Estado para cumplir sus fines, que nunca son las de privilegiar a quién lo ocupa en cada una de sus áreas. Podemos afirmar que las funciones del Estado son la satisfacción de las necesidades populares, las de alcanzar el bien común, atender al interés público, satisfaciendo las necesidades individuales de carácter general, preservar el orden, así como las libertades y derechos de sus habitantes, quienes sacrifican una parte de ellos para asegurar el disfrute del resto.

La finalidad del Estado se logra mediante la realización de diversas actividades, las cuales podemos agrupar básicamente en las relativas a las funciones, los servicios y las obras públicas, así como las actividades económicas que le son propias. Para llegar a esto se le reconocen tres funciones básicas: la legislativa, la ejecutiva o administrativa y la jurisdiccional. Estás tienen correspondencia con la división de poderes, es decir, cada una de las ramas del poder público está instituida para llevar a cabo por regla general una de esas funciones. Sin embargo, cada vez es más evidente que al lado de estas funciones han existido y cada vez con mayor fuerza, otras funciones legales que no encuadran en dicha clasificación, se trata de la función constituyente, la función electoral, la función de control y otras que se han venido desagregando de la función legislativa y ejecutiva, tales como la función reguladora que cumplen en México ciertos órganos.

Y paralelamente el Estado ha realizado funciones que son claramente ilegales.  Actualmente tenemos gobiernos y poderes abiertamente corruptos, corruptores y además vinculados con el narco, lo cual al Estado le resulta disfuncional, pues atrae la atención de la opinión pública y genera presión internacional. A los gobiernos y representantes de los poderes reales y formales, a pesar de las conductas de algunos de sus líderes, les conviene más la discreción y el anonimato. La notoriedad de la corrupción es dañina para el negocio. Lo que hemos visto y tenido en tiempos actuales son poderosas y ambiciosas bandas de políticos y empresarios que corrompen el Estado, que han sido capaces de distorsionar de manera importante la acción gubernamental al grado de que su función principal, la de velar por el bien común, satisfaciendo las urgentes demandas públicas, proporcionando atención y seguridad a la población, se ha perdido.

Por ello no es extraño que el 70% de los electores mexicanos no se sientan representado por sus autoridades y legisladores, según el estudio de Transparencia Mexicana.  La corrupción  y la impunidad siguen empeorando y con ella el explicable “mal humor social” que Enrique Peña Nieto lo atribuye a las redes sociales. Es al revés, las redes son instrumento que orienta  las causas. Los del poder creen vivir en otro país. Para la cleptocracia “todo mundo está contento”, afirmación que echa leña a la hoguera.  Desencanto, decepción, desilusión, desengaño, burla, fiasco, error, frustración, pifia, equivocación, malogro, amargura son parte del vocabulario del mal humor social.

fernandocorzantes@yahoo.com.mx
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s