Mexicanidad

Por: Danielopski

Una noche de un sábado de 1990, estaba viendo con mi familia la pelea entre Julio César Chávez y Meldrick Taylor.  Yo tenía 9 años de edad; recuerdo que Chávez era el fenómeno deportivo de la época; y todo el país —desde la difusión gubernamental— soportaba en Julio César la grandeza de ser mexicano. Ese día, Chávez estaba a punto de perder su primer pelea en toda su carrera profesional, había tenido una mala noche, pero quedaba un round. Por decisión hubiera sido casi imposible que ganara, pero faltando 17 segundos dio un derechazo en la mandíbula de Taylor que lo mandó a la lona. Aquel knockout tuvo tintes épicos, y Chávez ganó prácticamente sobre el tiempo.

El salinismo y la imagen de Julio Cesar Chávez construyeron un karma conjunto: ese país moderno y primermundista que se imaginó Salinas, se edificaba mientras Chávez se convertía en el mejor boxeador del orbe. Pero cuando el zedillismo llegó a quitarle los alfileres de los que pendía la economía mexicana en diciembre de 1994, Chávez no solo vivió su ocaso como boxeador, sino que el Estado lo desconoció por sus supuestos nexos con el narcotráfico y sus deudas fiscales. El ícono deportivo que alimentó el orgullo de sentirnos mexicanos, quedó aplastado por la realidad de un país sumergido en la corrupción de banqueros y políticos, y una crisis económica de dimensiones mayores.

La mexicanidad es también un concepto chocante cimentado en ciertas glorias que sirven para tapar la ruina de país. Entre la  pasada visita de Donald Trump y el tradicional festejo del próximo 16 de septiembre, la palabra aparece en mis diálogos internos: ¿Qué es la mexicanidad? ¿Es fervor y euforia? ¿Son las ansias de ganar en algo? ¿Son las mejillas pintadas de verde, blanco y rojo? ¿Mexicanidad también es “patrioterismo”?.

Pienso que a veces es una ligera capa que embellece lo que realmente está podrido. Y es que el concepto de mexicanidad se fuerza desde la comunicación gubernamental. ¿Qué nos podría inspirar Peña Nieto como líder máximo de esta nación? ¿Qué sientes cuando escuchas gritar a Peña Nieto “¡Viva México!”?.

Mexicanidad, esa palabra de la que pudieran pender muchísimas cosas, que nos podría llevar a largos debates semánticos, a análisis antropológicos, sociológicos, psicológicos y un sinnúmero amplio de más “icos” para explicar qué carajos significa; tendría que estar también definida a través de la vergüenza. Sí, los ritmos, colores, sabores y la calidez de millones de mexicano son incuestionables; pero es imposible también ser optimista, porque a veces serlo, significa negarnos a una realidad, y la que hoy vive México, tendría que mojar la pólvora del próximo 16 de septiembre.

Somos un país dividido, incapaz de ser fraterno y solidario. Imagínense, en un país con tremendas postales de pobreza, con lamentables entornos de violencia y  lastimado por una corrupción única, miles de personas  se organizan para marchar contra los homosexuales. Me pregunto si eso, como manifestación cultural, también entra dentro del amplio concepto de mexicanidad. Pienso que sí, así que tendríamos que definirnos (también) como un país jodidamente idiota, merecedor de muchos de sus males.

Y hago una defensa de los miles de mitos que nos construyen, desde las manifestaciones religiosas, deportivas, de euforia desbordada, incluidas las “patrioteras”, no podemos pensar que eso no nos define. Lo que no concibo es ser incapaces de desconocer lo que tanto ha lastimado nuestra conciencia colectiva como las ideologías que segregan y los gobernantes que nos saquean; es increíble que sigamos legitimando posiciones de poder, y normalizando la violencia de todo tipo. Y creo, lamentablemente, que eso también ha construido el concepto de mexicanidad.

La patria es un concepto tramposo, sobrevalorado por encima de nuestra propia existencia, nadie en su sano juicio pensaría que la patria es algo bueno cuando se edifica en guerras absurdas, en la injusticia del trabajo mal pagado, en la realidad de la pobreza y en la impunidad del crimen que emana desde el Estado Sí, a veces decirnos mexicanos significa no ver lo absurdo y por demás injusto. Ver la mexicanidad en rosa, poniéndola a rango casi divino, con discursos huecos, es seguir tapándonos los ojos ante una realidad hiriente.

/danielopski
@danielopski
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  1. María Luisa says:

    Yo pienso que la mexicanidad se puede traducir en al menos dos discursos, uno es el construido desde la retórica oficial, encargado de crear un imaginario
    social que favorece a intereses de poder, disfrazados de intenciones de cohesión social, que nos dibuja enemigos comunes y héroes inmaculados en todas las épocas, plasmado en los libros de texto y en la conciencia nacional y que es al que le hace falta una buena sacudida, dejando de lado el mito de la colonia, la sumisión, el “soy pobre pero honrado”, “jugamos como nunca pero perdimos como siempre”, todo es culpa de USA, etc. Ese aspecto urge que se deje de lado y lo empecemos a leer de manera crítica. Pero hay otra parte que involucra el sentido de pertenencia a una cultura super rica y valorada en todo el mundo, de la cual sí da orgullo formar parte, que tiene que ver con el día a día y que como dice Mored hace que te de mucho gusto oir el himno nacional en una Olimpiada, que compartas la historia de éxito del que vendía tacos y ahora es el Rey del taco, y toda esa parte que te identifica con las cosas buenas que les pasan a los tuyos, esa es otra historia…

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