Acordar estar en desacuerdo cuerdamente

Por: Valentina Amor

Hace días leía las reseñas de un restaurante en Querétaro y encontré una en donde mencionan la lentitud del servicio y que la comida no era gourmet a pesar de que el restaurante anunciaba que sí. Abajo de ese comentario, otro de una persona que decía textual: “Que triste que la mayoría de personas sólo escriben para hablar mal de un lugar. Yo no me quedo con esas opiniones. Pronto visitaré este lugar.” Enseguida de ese, la respuesta textual: “Nunca dije que no vayan…. solamente es una opinión con base en mi experiencia personal. Eres libre de ir y formar una opinión propia, suerte :)”.

Discusiones como estas podemos encontrar en toda la red y sin fin. Por lo general yo no acostumbro a poner comentarios pues no me interesa que la gente que no pidió mi opinión conozca mi forma de pensar y mucho menos que me contesten para generar polémica. Sin embargo en el caso de anotaciones para un comercio, estoy segura que pueden ser de gran ayuda para mejorar el servicio.

Polémicas hay diario, últimamente remarcable el de la marcha por la familia natural, en donde gente critica a los involucrados esta marcha poniéndoles el mote de “mochos”. El respeto debe ir de ida y vuelta. ¿No les parece?. Poniendo sobrenombres o etiquetando, ¿qué queremos dar a entender?.

Personalmente no me considero activista, sin embargo, defiendo firmemente que sin los movimientos sociales a través de la historia, no estaríamos en donde estamos ahora. Ideas que se han desarrollado representando a minorías y que han ido adhiriendo grupos y creciendo desarrollando más ideales que convergen y se hacen más populares.

A modo de ejemplo (dejando el tema del feminismo para su desarrollo en otra columna) pongo en contexto aquel movimiento que iba en contra de la esterilización forzada, la cual fue permitida a principios de 1900 en EEUU; este representaba a la minoría puertorriqueña y articulaba por primera vez el concepto de justicia reproductiva; de ahí evolucionó a la exigencia del poder criar hijos que no pasaran hambre, y tener guarderías. Hasta ahí ideas que actualmente no suenan tan descabelladas fueron desarrollándose posteriormente con un grupo de mujeres que exigían el alto al machismo y chovinismo masculino por ahí de 1960.

Llámense derechos laborales, de la mujer, de los niños, generación de partidos políticos o cualquier manifestación sociocultural que se les ocurra, merece respeto y reconocimiento; empero la percepción que tengo actualmente es que la gente en general desconoce el para qué de estas manifestaciones y así, se va desvirtuando la causa.

Los motivos, quizá sea que cada quien “jala agua para su molino”, o que en vez de investigar nos quedamos con la primera información que recibimos.

También creo que hay contrariedades en cómo comunicamos y en cómo percibe el que recibe el mensaje. Y también una problemática al no dejar circular libremente por el país a otros para exigir que algunos nos escuchen.

Sin generalizar es importante analizar cada situación en particular. En el caso de la marcha por la familia natural, considero que la problemática del desarrollo del ser humano va mucho más allá del cómo está conformada una familia. Pero lo que sí no concibo, es la idea de que personas mostrando sus rostros al sol por defender una causa y que otros inconformes les digan que no tienen derecho a salir a “odiar”. Al igual que en el caso de los participantes de una marcha de orgullo gay, no veo gente que abogue por la familia natural en el modo de “odiar”. Y mucho menos en marchas pacíficas.

Partiendo desde la idea de la diversidad en el mundo, entonces todos tenemos ideas diferentes y el derecho a hablar de ellas, a defenderlas y hasta a inculcarlas, sin perjudicar al otro que no está de acuerdo.

Acordar estar en desacuerdo es un reto actual, incluso en las típicas y superficiales interacciones sociales del día. Palabras como compromiso, tolerancia y respeto, ya no nos significan mucho incluso navegando en el mismo bote. A veces pienso que el objetivo es ese nada más, generar polémica que no va más allá de “me gusta” y “te dejo de seguir”. Y otras especulo en que lo desconocido da miedo y a veces dudamos de nuestras propias necesidades.

El día que nos entendamos como seres más allá de sexo, raza y credo, ese día seguro que se nos abrirá el entendimiento y dejará de parecernos inverosímil el que otros piensen y sientan.

amoroviedo@gmail.com
@LaValentinaAmor
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One Comment Add yours

  1. Andrés Ezquerra says:

    Estimada Valentina… aplaudo tu exposicion. Es lo más cuerdo que he escuchado a ultimas fechas, espero que el dialogo al interior de Catalejo prevalezca, todas las voces tienen que ser escuchadas y debe tener el respeto un primer lugar. cuando exponemos motivos argumentando ignorancia, hay que revisar primero si nuestros argumentos no estan cargados de lo mismo y prejuiciamos a otros. Desde mi religion (no catolica) me siento aludido y ofendido cuando desde la ignorancia se lastima a cualquiera por su religión. Creo que como judío, algo he podido aprender de la historia de mi pueblo para hablar con conocimiento de causa.

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