La moral privada y la moral pública

Por: Braulio Hernández

El debate entre los que defienden los derechos de las agrupaciones lésbico, gay, bisexual y transgénero (LGBT) y algunos miembros de la iglesia católica por el matrimonio entre personas del mismo sexo o la sociedad igualitaria, ha puesto en evidencia la falta de tolerancia de ambos grupos.

El próximo 10 y 24 de septiembre una agrupación de nombre Frente Nacional por la Familia está convocando a una marcha para, cito textual de su página de Facebook: “Defender el derecho de los padres a educar a sus hijos” y “Defender a la familia”. Siendo formado en una familia tradicional me llamó la atención saber quiénes estaban tratando de afectar y de qué manera a las familias mexicanas. La sorpresa que me llevé cuando esta agrupación que por cierto responde a los intereses de la iglesia católica, presentó los motivos de la marcha y es contra la iniciativa de ley enviada por el presidente Peña para reconocer el derecho de contraer matrimonio entre personas del mismo sexo.

La agrupación y sus integrantes tienen derecho a pensar y manifestarse en contra de lo que sea, lo que no es correcto es que se les mienta a los convocados, pues al más puro estilo de MORENA y AMLO están engañando a la gente con mentiras. En sus invitaciones dicen que la iniciativa pretende:

  • Cualquier hombre que se sienta mujer pueda entrar a los baños de mujeres.
  • Que a tus hijos los van a vestir del sexo opuesto para que decidan con qué se sienten mejor.
  • Que se gasten los impuestos en anuncios contra la familia.
  • Que tus hijos menores de edad puedan tener relaciones con un adulto.

Todo lo anterior es mentira, no existe párrafo en la iniciativa que mencione estos actos incluso algunos de ellos delictivos y otros absurdos.

Las organizaciones LGBT respondieron con manifestaciones violentas en instalaciones de la diócesis.

El debate entre lo moral y lo legal está en su mayor apogeo pero creo se está perdiendo de vista la libertad de elegir y se está malinterpretando el derecho a opinar.

Desde el grupo religioso que evidentemente no representa a toda la comunidad que comulga con el catolicismo, se está tratando de imponer la moral privada y convertirla en la moral pública.

La moral desde lo privado te permite creer en lo que mejor te acomode y ejercer tus libertades apegado a lo que se considere bueno y aceptable, incluyendo lo sexual, pero buscar llevarlo a lo constitucional para prohibir que otras personas tengan la libertad de elegir, es llevarlo a lo público.

La libertad de poder elegir con quién te casas forma parte de la moral pública,  considerando que la Constitución garantiza la libertad de ejercer tus derechos sin que necesariamente invada la moral privada de los que no estén en gusto o en condiciones para hacerlo.

Las famosas marchas de septiembre han sido catalogadas como homofóbicas y promotoras de odio contra la comunidad LGBT, sin embargo eso sería tanto como afirmar que las marchas del orgullo gay son una clara muestra del odio a la heterosexualidad y repudio a la figura tradicional de la familia, ambas afirmaciones son absurdas.

La palabra clave aquí es tolerancia, y falta mucha de ambos lados, los católicos que se sienten amenazados quizá por su doble moral, donde dejar esa posibilidad los vuelva débiles y vean en la figura de la sociedad igualitaria la oportunidad de hacer una vida con mayor libertad; y la comunidad LGBT que no esté tan convencida y lo ve como una “moda” y quizá se sienta amenazada porque se están dando cuenta que sólo con un aval de un juez pueden disfrutar del amor.

Lo curioso aquí es que ambos bandos toman argumentos de la Biblia, unos apelan a la conformación de la familia como pilares de la familia y el otro bando, del amor al prójimo.

Mientras la familia no esté conformada sobre bases sólidas individuales de carácter y confianza, seguirá la inseguridad y el riesgo latente de que algún miembro de la familia se vuelva gay (como si esto fuera malo); y mientras los matrimonios igualitarios quieran un trato distinto al resto de la sociedad y se sientan especiales sólo por ser dos personas del mismo sexo que quieren vivir juntos, no habrá ningún acuerdo.

Por lo pronto la Suprema Corte ya falló a favor de un nuevo modelo de unión que avale el compromiso entre personas del mismo sexo, y se discute entre la sociedad la posibilidad del modelo de adopción. Ese es otro tema que se debe de revisar con otro cristal.

brauliohn@gmail.com
@brauliohn

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One Comment Add yours

  1. Andrés Ezquerra says:

    Estimado Braulio. Aplaudo tus comentarios, el diálogo y el respeto son imprescindibles en la sociedad moderna. Expongo: no soy católico, ni por tradición ni por familia ni por convicción. Nací en el seno de una familia judía y como tales son mis creencias y tengo también mis opiniones personalísimas.

    Deseo decirte que me gusta como expones que el respeto es de dos vias, sin embargo la falla en el argumento es un dejo de prejuicio a los compañeros católicos.

    Quiero decirte que existen cristianos aun mas estrictos en la forma de pensamiento que los católicos. Musulmanes también. Judíos, mucho mas. Pero en pocos casos la religion dicta el prejuicio sino la persona en lo individual. Relacionar el prejuicio contra una religion, es prejuiciarnos a todos los que profesamos alguna, la que sea. Entonces hay que analizar si desde el respeto que exigimos al resto, no estamos exigiendo lo que no hacemos: discriminar desde la periferia, igual que los grupos pro LGBT y las asociaciones contra el matrimonio igualitario.

    Amor es amor. Saludos fraternos.

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