El caos

Por: Fernando Corzantes

“El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres”

Platón

Los últimos días, por no decir semanas, han sido para Querétaro de caos.  Ya sean las frecuentes inundaciones, las inacabables obras viales y decorativas, la incapacidad en la recolección de basura, desalojo de ambulantes de la Alameda, control de ardillas con sueldo de 50 mil al mes, las sospechosas concesiones, el nombramiento a modo de funcionarios altamente remunerados, vías con interminables baches, el gravísimo deterioro del transporte público, la simulación de consulta, la irrefrenable inseguridad, son entre otros el PAN de todos los días para los ciudadanos.

El entorno se muestra hostil y caótico, preguntándonos ¿merecemos esto? ¿puede la autoridad sólo hacer y deshacer a su gusto y antojo? ¿es la ocurrencia, el amiguismo, los compromisos de la autoridad el camino a seguir?  Bien podemos afirmar que no. El Municipio es uno de los espacios fundamentales de la vida social, administrativa y democrática en nuestro país, dada la inmediatez en la aplicación de normas, reglamentos y leyes.

Por ello, la Red de Investigadores en Gobiernos Locales Mexicanos señala que los municipios exitosos, los que mejoran con cada administración, son aquellos cuyas autoridades definen una ruta a seguir, generando confianza y credibilidad entre los ciudadanos y son los que tienen un proyecto y planifican el presente, pero también el futuro.  Al parecer Querétaro no es el caso, ya que lo contrario implicaría el haber elaborado un diagnóstico serio de la situación del municipio, definiendo prioridades y diseñando un plan de desarrollo puntual y acotado.  Estas son acciones clave para que los noveles alcaldes mejoren las condiciones en las que heredaron los ayuntamientos.

Pero aquí no fue así, por ello el desorden y la confusión. En México y Querétaro la palabra “planeación”, clave para lograr buenos resultados, por lo general está ausente del vocabulario político desde el primer día de gobierno. Un viejo refrán parece describir a los gobiernos entrantes: para un barco sin rumbo, cualquier puerto es bueno.

Cuando el gobierno se olvida de sus gobernados, no consulta, ordena, tira, quita; entonces, la democracia entra en crisis, ya no tiene fundamento porque no es la voluntad de un pueblo, sino de unos cuantos. Es cierto que el gobernante ejercer un poder pero sin olvidarse que es representante del pueblo y que este poder emana de él, y que sus prioridades y programas deben responder a las necesidades del propio pueblo. Para evitar que sucedan abusos en el ejercicio del poder es necesario encontrar las maneras para que la población entera pueda participar; aunque seamos miles de personas, se puede saber qué pensamos.

Existen formas para hacerlo, pero en nuestra incipiente democracia no han hallado eco, por ejemplo; el Referéndum, el Plebiscito, la Consulta Ciudadana y la Revocación de Mandato, ahora en boca de muchos.  La clase política ha discurrido durante demasiados años asuntos de política y muy poco de políticas públicas, en particular de las locales.  Demasiado debate sobre cómo debe accederse y con quién al poder, pero muy precaria ha sido su reflexión sobre qué hacer con el poder que se tiene y hacer bien las cosas, para el bien común.

La realización de un bien común está propiciada por procedimientos y formas de vida política que aseguran la participación de todos por igual en la vida pública, son procedimientos de democracia participativa que impiden la instauración permanente de un grupo dirigente sin control de la comunidad, como parece ocurrir aquí. Los pueblos indígenas expresan este principio en una fórmula tradicional: los servidores públicos deben mandar obedeciendo.

Este pensamiento sigue en lo general los principios de dar prioridad de los deberes hacia la comunidad sobre los derechos individuales; el servicio a la comunidad es condición de pertenencia, y la pertenencia es condición de derechos.  El servicio obliga a todos, está dirigido a un bien común en el que todos participan, establece una solidaridad fundada en la dedicación colectiva al bien de todos. Por ello es necesario e indispensable exigir que los gobernantes actúen con el consentimiento de los gobernados. El poder para gobernar proviene de la voluntad del pueblo. Esta voluntad no se reduce al espacio y el tiempo de la elección de los gobernantes, es sólo una etapa de la actividad política.

Lamentablemente son dos visiones, la de los gobernantes y la de los gobernados.  Y tal vez las cosas sean como dice Morticia Addams: “La normalidad es una ilusión; lo que es normal para la araña, es un caos para la mosca”.

fernandocorzantes@yahoo.com.mx

 

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