Ciudadanos de segunda

Por: Ricardo Carapia

Desde hace varios días, varios amigos y conocidos me han preguntado, luego de algunos comentarios míos en redes sociales, mi percepción sobre el tema de la basura en Querétaro.

Entiendo bien que ha sido tema de controversias, de diferentes posturas que no análisis, y sobre todo, señal inequívoca de que es un asunto que permeó a casi todos los sectores de nuestra sociedad.

A mi parecer, el tema de fondo no es que la autoridad busque resolver situaciones de presupuesto para resolver temas urgentes, cosa perfectamente válida y entendible desde cualquier perspectiva. El tema de fondo son las prioridades, la forma en que se da a conocer a la población una decisión tomada, y particularmente la operación de las mismas. Por ahora, asuntos de posible corrupción son de otro costal.

Una buena idea puede dar al traste con mucho trabajo de fondo, si queda en manos de la improvisación o la falta de asesoramiento. Ejemplos hemos tenido muchos, y queda en la memoria de algunos la certeza que eso ha sucedido de manos de diferentes colores, y en diferentes etapas de crecimiento de nuestra ciudad y Estado.

Recordemos que desde el gobierno, toda decisión administrativa, técnica y legal conlleva un valor político intrínseco, mal llamado “costo” en ocasiones, pues ese valor es positivo o negativo a partir de la estrategia y la coordinación entre las partes involucradas, por lo que llega a suceder que una medida considerada como de riesgo y potencialmente impopular, puede convertirse en una medida exitosa desde sus inicios, si se opera a partir de la experiencia y el conocimiento.

Por ello, el análisis de fondo de la concesión del servicio de recolección de basura, así como los parquímetros, el alumbrado y las bicicletas compartidas, debe competer a los expertos una vez que tengan mayor información técnica sobre el tema.

Sin embargo, en el caso específico de la percepción ciudadana, seguramente en cuanto se regularice el servicio de recolección pasarán de largo los rencores momentáneos, sucederá algún nuevo tema que enfoque la atención de la población, y “se olvidará”. Hasta que vengan tiempos electorales. Entonces que el valor político de las decisiones impactarán de lleno a los involucrados, y los puntos sumados o restados durante la gestión vendrán a cobrar cuentas en voz de propios y extraños, de trolls y ciudadanos, de votantes y abstencionistas.

En lo que llega ese momento, las escuetas voces de la oposición no alcanzan a generar opinión generalizada. Las posturas oficiales tampoco convencen a la población que ve de primera mano los hechos y los difunde por los medios a su alcance: solo prevalece la postura de la ciudadanía, organizada o no.

Comentaba en mi aportación anterior sobre la inmediatez de la información que rebasa en ocasiones a medios de comunicación y autoridades, hecho que pone a trabajar a algunos e irrita sobremanera a otros. Por ello la molestia palpable no sólo en la gente, sino en algunos funcionarios que sienten que no entendemos el trabajo que cuesta implementar acciones que impliquen un cambio en nuestra agenda y/o costumbres.

Sin embargo, también hablábamos de la importancia de la voz ciudadana formada e informada, que es descalificada a priori.

El acto reflejo de la descalificación, del señalar a terceros como responsables de los propios actos, es un hecho diario en el acontecer político. Aquellos involucrados en temas partidistas, lo cual aclaro que eso no los define de inmediato como políticos, inmediatamente toman la postura dogmática de “quien no esté conmigo, está contra mí”, y accionan en consecuencia, con el claro desgaste que provoca en el resto de la sociedad.

Pienso entonces que el error grave en este tema en particular es el considerar subconscientemente como ciudadanos de segunda todos a aquellos que no comulgan con un proyecto o partido político o decisión en particular; y por otro lado, que exista un discurso de apertura mientras en el actuar, la prepotencia y la intolerancia son el yunque y el martillo nuestros de cada día, tanto en las trincheras de la oposición como de la autoridad.

Y por supuesto, sabemos que también hay voces que no aportan a la construcción de una sociedad que dialogue y resuelva. La visceralidad no aporta nada en absoluto, tanto en manos de quien detenta el poder como de la oposición en turno, y ciertamente tampoco de la ciudadanía que escala del humor en los memes y redes sociales, a la agresión directa y violenta.

El político, insisto, entiende que las voces son diversas por definición y busca la manera de llevar las más posibles por su camino en la búsqueda de un objetivo común. El estadista, entiende que debe gobernar con dichas voces y para ellas.

Vienen varios temas en la agenda de gobierno que también van a generar polémica. Por nuestro propio bien, esperemos que la curva de aprendizaje haya terminado, porque no tenemos dos años para esperar que funcione todo aquello por lo que pagamos impuestos y sueldos de funcionarios, que son tan ofensivos como la miseria que ganan los trabajadores de limpia, como contraste.

Por eso sigo afirmando que hay una adolescencia preocupante en la mal llamada “clase política”, que de política entiende muy poco, y que de clase no tiene nada.

ricardo.carapia@gmail.com
@richcarapia

 

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