El fracaso

Por: Fernando Corzantes

La reciente noticia del aumento de los precios al consumidor de electricidad, gas y gasolinas, son el estruendoso anuncio del fracaso de la política económica y social del régimen mexicano y de su modelo económico, el neoliberal extremo o recargado

Este modelo se implanta en México en 1982 a través de las medidas de austeridad, desregulación y ajuste, y opera formalmente a partir de 1994 a través de la aplicación del TLCAN.  Como saldo de su aplicación hoy tenemos un país menos industrializado que hace treinta años y con el crecimiento del PIB más bajo en América Latina. Para el pueblo mexicano todo ello significó una catástrofe. Los campesinos, que durante mucho tiempo habían resistido la sobreexplotación de su medio de vida gracias a una economía de subsistencia basada en formas de producción y propiedad no mercantiles (el ejido y la propiedad comunal), se vieron de pronto despojados de ese apoyo con las modificaciones al Artículo 27, quedándoles como únicas opciones, la migración o el narcotráfico.

Los obreros, por su parte, frente a la caída radical de sus salarios, la “flexibilización” del mercado laboral y el desempleo, se vieron obligados a buscar otras fuentes de empleo, entre ellas las que ofrecían la economía informal y la criminalidad. La oligarquía mexicana se volvió un poder fáctico que en ningún caso ha contribuido al desarrollo nacional ni al bienestar colectivo.

Los beneficiarios del modelo son sólo un puñado de empresarios, que han concentrado producción, mercado, dinero y poder, siendo las filiales de las empresas extranjeras, quienes mayor participación tienen en el saqueo de la riqueza nacional.  Refrescos, cerveza, distribución de gas LP, transporte aéreo, la banca, las empresas de telecomunicaciones y de bienes intermedios, como el cemento, el vidrio y otras tantas como los medicamentos son universos restringidos, debido al hecho de que un pequeño número de empresas ofrecen casi la totalidad de los servicios y es exclusividad de un puñado de familias.

Lejos de limitar los monopolios, promover la competencia e impulsar un verdadero mercado interno, el Estado se encarga de proteger a las empresas monopólicas con enormes exenciones de impuestos y de rescatarlas cuando fracasan, cargándole a la nación el costo de sus errores. El Estado está al servicio de una clase empresarial parásita (nacional y extranjera), con definidos intereses políticos, que lejos de impulsar, bloquea el desarrollo económico nacional, condenándolo al crecimiento mediocre y a la crisis perpetua. El principal obstáculo para el desarrollo de la economía capitalista en México son los propios capitalistas.

Y las consecuencias de la crisis económica, social y financiera actual en México han sido considerables, ya que las dificultades para la economía mexicana continúan.  El empleo no ha recuperado los niveles existentes antes de la crisis al tiempo que la informalidad continúa creciendo. Aunado a esto existe una inseguridad creciente en una buena parte del territorio nacional, mientras que los problemas de pobreza y desigualdad continúan mermando las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Sin embargo, para el gobierno federal y sus secuaces no existe motivo de alarma. La crisis en México ha sido considerada desde el comienzo como un fenómeno importado, señalando que nuestro país ha enfrentado problemas debido a que nos encontramos en una economía globalizada y la dependencia de éste respecto a otras economías es inevitable en este contexto. Señalando insistentemente que una vez que la economía mundial se recupere la mexicana también lo hará.

Como señala Carlos Herrera de la Fuente, en nuestro país no hay democracia, no hay una real división de poderes, no hay una verdadera representación del pueblo, no existe un Estado que garantice la mínima seguridad de sus ciudadanos. Se ha generando un mapa de violencia no sólo a lo largo y ancho del país sino en la estructura misma del sistema, que nos exhibe la existencia de la violencia desde el instante en que se encoge el salario a su mínima expresión, se elimina constitucionalmente los derechos laborales, se excluye a los trabajadores de su derecho al seguro social y se los orilla a la informalidad y al crimen; hay violencia cuando los niños y los estudiantes de todos los niveles son sometidos a una educación mediocre, y los maestros carecen de un ingreso digno de su profesión y se les impone un modelo contractual (que no educativo); hay violencia cuando se saquea el erario público o se utiliza, discrecionalmente, para el enriquecimiento de unos cuantos.  La violencia es parte inherente del Estado neoliberal mexicano.

fernandocorzantes@yahoo.com.mx

 

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