Maldición de Malinche

Por: María Nieto Castillo

Corría el año de 1992… habían pasado 171 años y 5 documentos constitucionales después de haber consumado la Independencia y hasta ese momento se reformaba la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos con la finalidad de reconocer lo que pudo haber sido evidente desde 1821: “la pluriculturalidad de la nación”. Posteriormente en el 2001 con la reforma al artículo segundo, se mantenía el reconocimiento de la pluriculturalidad sustentada en los pueblos originarios y además se elevaban a nivel constitucional una serie de disposiciones en materia de derechos indígenas. Ambas reformas  resultaban de la presión de movimientos latinoamericanos y mexicanos de reivindicación de los derechos de estos pueblos.

La pertinencia de la reforma, lo acertado de los conceptos que utiliza, o la eficacia en el ejercicio y justiciabilidad de los derechos que sostiene, se puede discutir ampliamente. Sin embargo no es el objetivo de esta nota, la intención es simplemente poner en evidencia esa realidad. Es decir, la composición plural de la población de nuestro país.

México no es un país homogéneo, la diversidad está presente y se manifiesta en los diferentes grupos sociales que lo conforman. Los pueblos originarios son ejemplo vivo de esto.

Sin embargo a lo largo de la historia y de la formación del Estado “Nación” Mexicano, la situación de estos pueblos ha sido de exclusión y discriminación. De acuerdo a la etapa correspondiente han luchado por no ser exterminados o asimilados por una cultura homogeneizadora que buscó integrarlos a una forma de vida que no empata con su propia cosmovisión; intentado occidentalizarlos con el argumento del progreso y el desarrollo.

Pero la lucha no ha sido únicamente contra el sistema político y las políticas públicas estatales; en mi opinión uno de los grandes problemas que tienen los indígenas en este país es enfrentar al resto de la población, aquella población mal llamada mestiza que los prefiere invisibles, los rechaza, los excluye y los discrimina.

Y ¿cuál es la importancia de evidenciar  esta situación?. A mi parecer, resulta necesario porque en un desconocimiento absoluto o –pensando mal- ejerciendo una doble moral, algunos mexicanos suelen enarbolar banderas en pro de los mas desfavorecidos siempre y cuando vivan en otro país o continente lejano. Sin comprender la alteridad que existe en su propio país, niegan y rechazan al indígena, abusan de él, no comprenden sus lenguas, ni su forma de vestir, de comer o de entender el mundo y lo van condenando a desaparecer. Por ejemplo el censo de 2010 del INEGI, señala que solo 20 personas mayores de 5 años hablan la lengua lacandona, ¡únicamente 20 personas!.

Muchas cosas deben de transformarse en nuestro país para que realmente avance o se mueva, y aclaro que no busco idealizar a la población originaria que, como cualquier grupo social, presenta infinidad de problemas; pero sí considero que si los mexicanos no entendemos cómo se integra nuestra sociedad poco podremos hacer para mejorarla. Desde el Derecho no se debe generar la homologación jurídica de las diferencias, sino como lo señala Sartori, una valoración jurídica de las mismas. Recuerdo esa canción “La maldición de Malinche” que cantaba Amparo Ochoa.

mpalomas1531@hotmail.com
@mpalomas1531

 

Advertisements

One Comment Add yours

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s