La caída

Por: Fernando Corzantes

Los casi cuatro años del gobierno de Enrique Peña Nieto están marcados por el incumplimiento de la promesa de crecimiento económico; la imposibilidad de alcanzar bienestar social para los mexicanos; la devaluación del peso y el endeudamiento extremo; el incremento de la población en situación de pobreza; el agrandamiento de la brecha de desigualdad social; los actos de corrupción y conflictos de interés en que incurren servidores públicos de todo rango; la irrefrenable inseguridad pública que existe en casi todo el país; el escándalo de la casa blanca; la fuga y captura del narcotraficante más poderoso; la matanza y desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa; los diversos crímenes colectivos en Tlatlaya, Apatzingan, Tanguato; la feroz represión en Nochixtlán, Oaxaca, colocan al gobierno de Peña Nieto como un gobierno fallido para el pueblo.

De las supuestas reformas estructurales que promovió al iniciar su mandato, a dos años de concluir, la reforma energética y la educativa, lo tienen en calidad de cadáver político y al  borde del sepulcro.   Con la finalidad de vencer la resistencia que hubo alrededor de la reforma energética y obtener el apoyo del poder legislativo, Peña Nieto señaló reiteradamente que al aplicarse esta reforma, los precios de la gasolina y de la energía eléctrica disminuirían, beneficiando así a los consumidores. Sin embargo, el ofrecimiento presidencial quedó en sólo una promesa para incautos, ya que el pasado 1° de julio se dieron a conocer los incrementos de precios en las gasolinas Magna y Premium y pocos días después, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) anunció el aumento de las tarifas por consumo de energía eléctrica. La entrega de los recursos de la nación a manos particulares era el objetivo, no el beneficio a las mayorías.

En cuanto a la reforma educativa, la secretaría de Educación Pública aseguró que se aplicaría sin problemas en todo el país, pero la terca realidad ha venido a demostrar que lo que se fraguó a espaldas de la población pronto se les revira en oposición y resistencia.

Durante poco más de un año  el gobierno federal a través de la Secretaría de Gobernación y de Educación, manifestó disposición para dialogar con la disidencia magisterial, siempre y cuando la Coordinadora de Trabajadores de la Educación (CNTE) reconociera previamente la legalidad de la reforma educativa. Por su parte la CNTE advirtió, una y otra vez, que no aceptaría otra cosa que no sea la derogación de la reforma educativa. La irreductibilidad de ambas posiciones hizo imposible el diálogo durante ese tiempo.

Fue hasta que ocurrieron los sangrientos acontecimientos de Nochixtlán, donde fueron asesinadas nueve personas, cuando el gobierno federal aceptó dialogar con la disidencia magisterial sin que mediara el condicionamiento que interpuso con anterioridad.  Esta aceptación a dialogar con la CNTE, constituye un triunfo político para los profesores disidentes y una derrota política para el presidente Peña y su secretario de Educación. Las muestras de adhesión y apoyo por parte de diversos sectores sociales a los maestros van de la mano con la opinión y estudios que señalan la nula propuesta pedagógica y educativa de la reforma, evidenciando su carácter eminentemente laboral.   Peña Nieto afirmo el pasado viernes que “de ninguna manera” los acuerdos tomados entre la SEP y el SNTE, ni los diálogos del gobierno federal con la CNTE “significa darle marcha atrás a la reforma educativa”.  “No significa siquiera hacer cambio legal o hacer alguna modificación a lo que hoy nos mandata la ley”.  Esto en una evidente contradicción y muestra de inequidad al contraer la cerviz ante los empresarios del país al vetar la Ley 3 de 3.

Cinco semanas antes de los sucesos de Nochixtlán, la opinión pública corroboró que el Presidente de la República  se encuentra viviendo el peor momento de su administración. Así lo revela la encuesta cuatrimestral efectuada por el periódico Reforma, que muestra el sondeo de opinión pública, el cual indica que el Presidente tiene en su haber, el porcentaje más bajo (30%) que hayan alcanzado los ex presidentes Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón.   Además, un grupo de líderes de opinión consultados por ese diario, calificó con 3.7 puntos (en base a una escala de uno a diez) el desempeño de Peña Nieto  durante el primer cuatrimestre de 2016. Por  su parte, el segmento de la población civil encuestado, evalúo el trabajo realizado por el presidente, en ese período, con una calificación de 4.4 puntos.  Colocado en esa desfavorable situación para su administración, Peña Nieto, comienza a cosechar los conflictos sociales que a lo largo de sus tres primeros años de gobierno sembró con su arrogancia y poquedad.

fernandocorzantes@yahoo.com.mx

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s