¿Para esto queremos ser inteligentes?

Por: Danielopski

Sí. Hemos sobrevalorado la inteligencia. Carlos Fuentes retoma una anécdota del filósofo español José Ortega y Gasset en su ensayo denominado “La gran novela latinoamericana”; en ella narra lo que Ortega y Gasset comenta sobre unos campesinos andaluces que no sabían leer ni escribir, y a los que fue a realizarles una encuesta a  principios del siglo XX; después de escucharlos llegó a una conclusión: “¡Qué cultos son estos analfabetas!”

Ya nadie quiere ser un ignorante, por lo mismo no tenemos la decencia de asumirnos como tal para quedarnos callados. Hace poco escuché a un psicólogo social de Guadalajara defender los uso y costumbres en el habla. Platicaba que un día uno de sus alumnos dijo “haiga” en vez de “haya” y que las risas y burlas no se hicieron esperar en el salón de clases; el psicólogo no sólo no corrigió al alumno, sino que reivindicó en ese espacio el uso natural que él le daba al idioma como parte de su cultura. ¿Quién era él para pedirle hablar diferente de como se le había enseñado? ¿Es la RAE la que tiene que legitimar nuestra forma de hablar?

Hoy todos queremos ser personas “leídas” y pensamos que devorar libros nos quita lo brutos, y más cuando la lectura ha sido absorbida por la ley de oferta y demanda. A todos nos encanta ir a Gandhi a comprar libros que decoren nuestros libreros. Leer, ver series, opinar de todo, poner “jajajajaja” en una publicación que satirice  el antagonismo a nuestra forma de pensar, hoy significa ser inteligente. “Leer evitará que X cosa pase o no pase” vemos en memes, y leer no evitará ni madres cuando se lee con la arrogancia de pretender conocimiento como forma de poder.

Hace unos días realicé una prueba para evaluar mi nivel de rapidez y comprensión en la lectura. La prueba está diseñada para fines mercantiles: un curso de lectura rápida que te hará leer 3,000 palabras por minuto y te hará comprender el 100% del texto. Te preguntan si quieres pertenecer al 2% de la población mundial, aquellos que leen más de 3,000 palabras por minuto y comprenden el 100% de las lecturas. Obvio nadie va a contestar “no” en una entrevista con amenidad mercantilista. Al momento que dije que quería formar parte de ese selecto grupo de súper personas, me pusieron un contrato frente de mí para pagar 38,000 pesos por su curso, obvio ahí dije que no me interesaba su curso.

¿Por qué me interesaría ser parte del 2% de la población mundial que lee y comprende todo y de paso ser súper inteligente? ¿Por qué tendría que devorarme un libro de 250 páginas en una hora, cuando puedo leerlo en 2 semanas, subrayando lo que me interesa, buscando en internet las palabras que no sé su significado y tomando café en alguna cafetería de la ciudad? Aspirar a este tipo de inteligencia es una falacia, hoy ser inteligente significa ser alguien “cool”.

Las redes sociales, espacio diseñado para lo absurdo, para aparentar una errónea inteligencia sustentada en datos fríos, en apoyo de causas, en reivindicar la moral o la libertad de pensamiento, nos ha llevado al abismo de una total falta de capacidad de análisis. Si escribo esto lo hago como autocrítica: soy, somos parte de este chocante fenómeno. Hace dos días murió el torero Víctor Barrio en España. Como hoy ser animalista es una moda, vimos toda clase de análisis idiotas en torno a la muerte del matador de toros, y sí, las corridas de toros pudieran ser un espectáculo vulgar, pero no por ello tendríamos que festejar la muerte de un ser humano, como mucha gente lo hizo en sus muros de Facebook. Reivindicar la vida animal es una moda, una moda para aparentar ser gente inteligente.

La sociedad moderna ha rediseñado un nuevo concepto de inteligencia. Tanta información en exceso y ocio “ocioso”  (vaya la redundancia) no nos permite ver, observar, leer varias veces, pensar y repensar lo que pasa en el entorno, hoy nuestros juicios tienen que ser rápidos, todos en busca de “likes”, lo que los hace superfluos para tratar de parecer personas inteligentes. Hoy la inteligencia tiene un valor mercantilista, somos glotones de información sin tener un grado mínimo de habilidad para codificar y decodificar. Al grado del absurdo que hoy presumimos en redes que somos C4P4C3S D3 L33R 32T0 o que encontramos el número 8 entre un montón de letras “B” para reivindicar nuestro coeficiente intelectual. Qué idiotas somos.

En verdad, la inteligencia no me interesa, me gustaría ser como los amigos analfabetas de Ortega y Gasset: tener una mayor comprensión y entender mejor el entorno que me rodea sin la necesidad de ser inteligente.

/danielopski
@danielopski

 

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