Ciudadanía y espacio público

Por: Fernando Corzantes

La historia de una ciudad es representada por su espacio público, las relaciones sociales entre sus habitantes, la relaciones de poder y las formas de vivir en la ciudad, son materializadas y expresadas en la conformación de sus espacios comunes de encuentro ciudadano. Estos espacios como las calles, monumentos, plazas, estaciones de transporte, etc., ordenan cada zona de la ciudad dándole sentido a la expresión colectiva, la diversidad social y cultural.

El espacio público no sólo es un entorno sociocultural, geográfico e histórico, es también un concepto jurídico sometido a una regulación específica por parte de la ley a través de la administración pública.   En la ciudad se advierte una marcada ruptura del tejido social comuni­tario y el espacio público y también el privado está marcado por el predominio de valores y prácticas sociales que exaltan el individualismo y la competen­cia en lugar de la cooperación y la solidaridad, debilitando la confianza y provocando comportamientos y prácticas ajenas a la formación y desa­rrollo de capital social.

En su dimensión sociocultural, el espacio público es lugar de relación, identidad e identificación, de contacto personal y colectivo, de animación urbana y cada vez más de expresión comunitaria. Entre la ciudad y el espacio público se establecen relaciones dialécticas, entre las cuales se destacan el espacio público como espacio político; el espacio público como indispensable para la socialización de cada sector de la población.

Ahora bien, la ciudadanía plena no se adquiere únicamente por el hecho de nacer y/o habitar una ciudad, el estatus de ciudadano representa un triple desafío para la ciudad y el gobierno local. En primer término un desafío político, relacionado con las políticas públicas que hagan posible el ejercicio y la protección de derechos y deberes ciudadanos. En segundo lugar, un desafío social, consistente en promover las políticas públicas que imposibilitan o reducen el ámbito de la ciudadanía, y finalmente en tercer lugar un desafío urbano, concerniente en hacer de la ciudad, con sus centralidades y su monumentalidad, su accesibilidad y su movilidad, sus colonias, barrios y sus espacios públicos, una productora de sentido a la vida cotidiana, es decir, de ciudadanía.   El espacio público se constituye en una respuesta al desafío de articulación entre territorio, población y gobierno.

En la ciudad actual nos encontramos con tres procesos negativos que afectan de alguna manera la forma de interactuar y de vivir en la ciudad: la disolución, la fragmentación y la privatización.   La disolución se expresa en la urbanización existente desigual así como en el debilitamiento o especialización de los centros.   La fragmentación es la combinación de un capitalismo desarreglado con la lógica sectorial de las administraciones públicas, produce la multiplicación de elementos dispersos y monovalentes en unos territorios cortados por vías de comunicación.

Y tercero, la privatización, se manifiesta en la apropiación de lo público como privado, cobro por uso y servicios cedidos y concesionados, como los parquímetros, la recolección de basura, etc.  Se muestra además en la existencia de una gran generalización de ghettos según clases sociales, desde condominios de lujo, hasta las favelas o barrios marginales, así como la substitución de las calles, las plazas y los mercados, por centros comerciales.

Estos tres procesos son los que determinan la casi desaparición del espacio público como espacio de ciudadanía, ya que acentúan las problemáticas de la ciudad, la transformación de los espacios públicos en centros privados representa costos sociales como el acceso democrático y responsabilidad pública.   La privatización representa crecientes exclusiones sociales y desigualdades.

Por ello un proyecto de atención, regeneración, recuperación, etc., que mejore la calidad e infraestructura de estos espacios, debe propiciar o permitir crear o reeditar formas de socialización comunitaria que son potencialmente generadoras de mayor cohesión social.

El elemento clave es la participación en los programas de atención a estos espacios,  expresado en el procedimiento de la consulta pública, así como la participación en el ámbito de deliberación pública, instrumento para conciliar las demandas, opiniones y requerimientos de los vecinos y usuarios.  Y por último la necesidad de presentación del diagnóstico, que empate las acciones que consideren prioritarias las autoridades con un proceso de planeación participativa.

fernandocorzantes@yahoo.com.mx

 

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