Respetemos por igual

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Por: Fernando Corona

Andrés Manuel López Obrador, ungido tan solo hace unos  meses Presidente de MORENA, encendió las alarmas nuevamente en vías de la tan peleada elección presidencial del 2018, esto gracias a su brillante y audaz comentario en contra de Margarita Zavala, aspirante (por lo menos es lo que dice el clamor popular, se menciona por ahí que podría ir como independiente) a la Presidencia.

Fiel a su costumbre de derrochar gracia y diplomacia, todo en aras de atraer hacia sus arcas  y especialmente hacia su persona la simpatía de aquellos que según él, en las urnas lo harán ganar, se destapó recientemente con el comentario… “no es más que la extensión de su marido… la señora de Calderón”.

El tabasqueño ha tomado la denostación y la agresión como estandarte para llevar a buen puerto su vida política, interviniendo en asuntos que no le competen, hablando mal de sus adversarios políticos y poniéndoles en contra a “su pueblo”. Es decir, lo que menos hace el  político tabasqueño es precisamente eso: política.

Instalado como el salvador de los pobres, aquel que dará a México un presidente honesto, que hará de este país un primermundista cualquiera, incorruptible, insobornable; lo cierto es que López Obrador se ha dedicado a vivir no sabemos de qué, haciendo las veinticuatro horas del día de los siete días de la semana, desde hace más de 12 años, un proselitismo constante. Si sumamos, caeremos en la cuenta que son muchas horas de campaña, patrocinada quien sabe por quién.

Así pues, decidió enfocar sus baterías en contra de Margarita, quien viene de una estirpe panista de larga trayectoria. Mujer profesionista (abogada por la Libre de Derecho), preparada, ha sido diputada local y federal y es desde 1993 consejera nacional del PAN, la Sra. Zavala ha ido labrando de manera individual y durante muchos años una imagen y una carrera política sensata y de trabajo.

La idea de esto no es defender a Margarita, me parece que ella tiene los argumentos necesarios para hacerlo, sin embargo soy fanático del respeto al género y más en estos tiempos en que se pretende que la tolerancia a todos niveles sea la moneda de cambio en el cotidiano colectivo.

Cualquiera tiene los mismos derechos, las mismas obligaciones, trátese del color del que se trate, no es más el azul que el rojo o que el amarillo, si quieren y tienen la capacidad pueden aspirar, y sobre todo la obligación de cumplir. Sí, me suena a machismo, a misoginia, a una más de las calenturas que Andrés Manuel suelta con gran facilidad, solo por el hecho de pretender enfundarse en el su papel de redentor.Habrá que poner cuidado don Andrés, no sea que por este tipo de cosas el electorado femenino le vaya a dar la espalda y se vaya a quedar sin la silla presidencial que tanto anhela. Dicen que la tercera es la vencida, pero también dicen a una mujer ni con el pétalo de una rosa.

fcoronagarcia@gmail.com

 

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