Neoliberalismo a lo bestia

Por: Fernando Corzantes

El sistema de organización económica, política y social que promueve el gobierno mexicano, así como el conjunto de reformas estructurales que vivimos, provienen de fuera.  Cada sexenio o figurilla presidencial le proporciona al modelito de explotación el condimento suficiente para darle el matiz vernácula de neoliberalismo a la mexicana, a lo bestia.

Lo que estamos viviendo es una tendencia a la concentración extrema de la riqueza, que provoca que tengamos un puñado de multimillonarios (entre ellos a uno de los más ricos del mundo) al mismo tiempo y en contraste con la enorme cantidad de población en pobreza extrema.  Hemos sido testigos de desplacientes cervices, que van desde el presidente hasta el último regidor, quienes invitan a la cleptocracia a unírseles en el alabo del forastero, del saqueador.

Cada gobernante desea impresionar a sus amos con un proyecto que desea ser superior a sus antecesores y competidores. Así lo vislumbró Felipe Calderón quién pactó la apertura total del país a los intereses empresariales nacionales y extranjeros. Su plan privatizador nombrado “México 2030, Proyecto de Gran Visión”, se dividió en cinco ejes: estado de derecho y seguridad pública; economía competitiva y generadora de empleos; igualdad de oportunidades; desarrollo sustentable; democracia efectiva y política exterior responsable.

Energía y agua, fueron objetivos reiterados, y lo vemos en las “reformas estructurales” impulsadas por el gobierno calderonista desde fines de 2006 y del peñista desde 2012, generando e impulsando las “inversiones privadas” en todos los sectores, pero, con mayor énfasis, en el energético (hidrocarburos, electricidad) y en el hidráulico. La gran idea de Calderón fue el ceder a corporativos mexicanos y trasnacionales el control total de la vida, el movimiento de las personas y las mercancías y el mundo de las ideas y el acceso a la información.

Obviamente se instrumentó la concesión de las áreas estratégicas, como la salud, la educación, las telecomunicaciones, las carreteras, etc.   Ante el desmesurado crecimiento de la violencia en el país, gracias a la vorágine consentida de la actividad del narcotráfico, sólo se pretendió el “acotar” al crimen organizado, no exterminarlo: la principal oferta gubernamental fue la “guerra” contra el narcotráfico y fue sólo discursiva. El proyecto admitió que en 20 años el crimen organizado estaría “acotado”, más no extinto.

A tres años de su salida y entrega de la estafeta con todo y plan, vemos que es todo una dramática realidad.  Vivimos el peñanietismo con otro propósito de “gran visión”, como es y ha sido el desmantelar la seguridad social, visualizando para 2030, que la totalidad de los servicios de salud estarán subrogados a la iniciativa privada; habrán desaparecido el IMSS, el ISSSTE y la red hospitalaria de Pemex; además, el sector privado controlará la educación; y la cultura se someterá a un “tratado de libre comercio artístico”. Los artículos 3° y 4° constitucionales, si ya han sido embestidos, al corto plazo habrán sido radicalmente modificados.

Desde los años veinte del siglo pasado, los estadounidenses, buscaron la fórmula del apego de la clase política mexicana a su política intervencionista y saqueadora, sin remordimientos y con cooperación. La educación fue la respuesta, “ya no más intervenciones ni invasiones, los mexicanos vendrán a ofrecer y a darnos lo que deseamos”, vaticinó un senador norteamericano. Por ello se han aferrado a la “reforma educativa”, que liberaliza el empleo docente en instituciones públicas, generando un esquema de “participación social”, que es un mal disimulo de la privatización de la educación.

La sostenida lucha y el encono en contra de quienes se oponen a poner como fruto de mercado a la educación, ha llegado al enfrentamiento con todo tipo de fuerzas, tanto mediáticas como policíacas.  El gobierno de Calderón planteó en su visión 2030 que los “Mexicoamericanos” gobernarán la nación. En 15 años, México será gobernado por “mexicoamericanos” y se habrá “integrado” a América del Norte: Estados Unidos dictará las políticas públicas, habrá “instituciones compartidas”, las fuerzas armadas mexicanas intervendrán en conflictos internacionales por la “seguridad hemisférica” y se abandonará el concepto de “soberanía”.

Obviamente esto implica la ocupación integral de México, rompiendo las voluntades sociales y los marcos jurídicos, reprimiendo y cooptando. Inspirado en el imperialismo que encabeza Estados Unidos, el fin del plan y su visión, es acabar con el Estado nación mexicano; los mexicanos enfrentarán una “guerra social” disfrazada de combate al narcotráfico, como preámbulo a una sistemática guerra en contra de todo opositor.

Nada más y nada menos, es el tiempo de los chacales.

Correo electrónico: fernandocorzantes@yahoo.com.mx
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