Antología de Miércoles: Del olvido al no me acuerdo

Por: Osvaldo Gutiérrez
En 1919, Eli Heckscher formuló un teorema que buscaba explicar el funcionamiento de los flujos del comercio internacional. Uno de sus alumnos, el economista Bertil Ohlin generó algunas modificaciones en 1933, derivando en lo que se conoce actualmente como el modelo económico de la dotación de los factores o modelo de Heckscher-Ohlin, el cual enfatiza la diferente dotación de factores en distintos países, existiendo algunos por ejemplo ricos en capital, otros abundantes en trabajo y otros tantos en recursos materiales. Por lo tanto, este modelo resume el enfoque económico de un país determinando principal recurso abundante, instándolo a la producción de bienes que requieran ese particular recurso con el cual es dotado.
Hoy en día, 97 años después, parecería que este modelo añejo, que servía bien para la observación post Ricardiana de la ventaja comparativa en un mundo inmerso en la geopolítica derivada de la Segunda Guerra Mundial, pero que no se ajusta a la serie de factores cambiantes que pujan por conseguir aunque sea algo de sustentabilidad en el mediano plazo; sigue vigente en los cuadernos de muchos de los asesores neoliberales de las oficinas presidenciales de Los Pinos. Y es que las políticas públicas cada vez más demuestran seguir al pie de la letra la tendencia a la explotación del recurso mexicano que el gobierno considera de mayor dotación: la mano de obra semiesclavizada.
Así, en un país que se encuentra dotado con innumerables ventajas en muy diversos factores productivos como grandes extensiones litorales, una de las mayores áreas de radiación solar del mundo, importantes yacimientos minerales y petroleros, millones de hectáreas de selvas, bosques, zonas de cultivo de temporal, etc. parece prioridad de nuestros gobernantes atender las exigencias de grandes corporaciones para impulsar un movimiento privatizador de todos los factores productivos, incluido con mayor énfasis el del recurso humano.
Actuando como comisionistas más que como estadistas, los gobernantes mexicanos se han dado a la tarea de rescatar el status quo existente en las más boyantes épocas porfirianas para las empresas extranjeras. Ya habrá tiempo de comentar las diversas reformas estructurales que han servido como una reingeniería eficaz para la redistribución de los factores productivos mexicanos a sus antiguos dueños, entre las que destaca la educativa por su importancia para el control social.
La reforma educativa adecúa las pautas de comportamiento y pensamiento de los habitantes de México a las exigencias de consumo corporativo globalizante, lo que permite un mayor flujo de efectivo, mayor producción y utilidades estratosféricas… obviamente para los poquísimos oligarcas internacionales. Esta reforma no es más que un instrumento hegemónico para garantizar el control de una clase obrera, antes sumamente crítica, pero ahora reducida a la irreflexión.
Ni qué decir del componente campesino, el cual ha sido sistemáticamente eliminado, impulsándolo cada vez más a la migración. Este entreguismo educativo se observa altamente rapaz y de la misma forma que la entrega de hidrocarburos a las 4 hermanas, supone una regresión neoporfirista de un neoliberalismo priísta ¿O será acaso un regreso triunfal del virreinato?
De nuevo la garantía del establishment oligárquico se prioriza ante la sustentabilidad de prácticamente todo, incluso de la vida misma. Hoy los medios de comunicación ponen a disposición del “ciudadano informado” imágenes cotidianas del “desastre educativo en México”, causado por “unos pocos maestros inconformes”. La indignación crece manipulándose con los Lópezdórigas que no cesan ni un minuto de criminalizar la lucha de los padres de familia y los docentes en Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Chiapas, etc. En la realidad hay lucha, verdadera voluntad de resistencia ante la entrega de la nación, una fuerza de voluntad para evitar vender lo poco que nos queda: la dignidad misma, evitar ser un peón más entrenado para manufacturar celulares que luego nos vendan 400% por encima de su valor. El movimiento inicia apenas, ya lo demostraron los padres de familia.
Mientras tanto, un Aurelio Nuño, contratado por los intereses fácticos dice tener 26 mil maestros disponibles para suplir a profesores en paro, pero continúa el reto, los profesores lo retan a ser suplidos. La realidad es que no hay, no existen, no se pueden conseguir de las piedras, personas con oficio, entrega, vocación y corazón para enseñar en escuelas donde ni siquiera techo existe y recibiendo salarios paupérrimos.
Caricaturizado por su incapacidad de resolver el conflicto, demostrando su poco oficio y nula preparación, Nuño se agazapa en las secretarías hermanas, esperando un milagro. Es simple, cualquier maestro de vocación que se encuentre sirviendo a la enseñanza en una población rural se comería en dos bocados si realmente existiera debate, diálogo o discusión sobre la denominada “reforma”, pulverizaría con experiencia a tal secretario chapulín, derivado de la “carrera política”, esa que impulsa voluntades de enriquecimiento más allá que las de servicio.
Hoy, hay que recordar tan sólo que somos capaces de leer estas líneas gracias al empeño de nuestros maestros, padres, madres, hermanos, y no debido a la incapacidad de nuestros gobernantes.
Correo electrónico: natu77@gmail.com
Twitter: @El_Natu
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